La decisión del Consejo Constitucional de avalar la reforma de las pensiones impuesta mediante decreto por Macron no ha afectado a la determinación de la clase trabajadora y la juventud francesa de echar abajo este gravísimo ataque a sus derechos.

Tras doce jornadas de huelga general y numerosos paros en diversos sectores, tras miles de manifestaciones con millones de manifestantes y que fueron reprimidas con una brutalidad salvaje, los sindicatos agrupados en la Intersindical y los dirigentes de La Francia Insumisa han proclamado que la lucha va a continuar. Si han llegado tan lejos no es por su voluntad de abrir una crisis revolucionaria, sino por el empuje imparable de las bases.

En el curso de este conflicto la clase trabajadora ha tenido ocasión de comprobar la verdadera naturaleza del Estado burgués y ha decidido resistir el desafío.

Desesperación e impotencia del Gobierno Macron ante el levantamiento obrero

La determinación de Macron en no dar un paso atrás no ha dejado otro camino a la burocracia sindical que continuar con unas movilizaciones que, desde hace semanas, ya no dependen exclusivamente de su voluntad. Las huelgas indefinidas más importantes (refinerías, basura, transporte, educación) han sido convocadas por la presión de los trabajadores y trabajadoras sin que las direcciones centrales de los sindicatos hayan jugado ningún papel en reforzarlas o extenderlas. También los cientos de manifestaciones nocturnas han sido fruto de la indignación e iniciativa espontánea ante la represión y el autoritarismo de Macron.

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En la lucha contra la reforma de las pensiones de Macron, la clase trabajadora ha tenido ocasión de comprobar la verdadera naturaleza del Estado burgués y ha decidido resistir el desafío. 

Esta actitud de Macron no es un capricho. Francia, como el resto del mundo capitalista, se encuentra en los albores de una nueva crisis financiera que está requiriendo ya inyecciones masivas de dinero público. Como en 2008, esos recursos saldrán de una nueva batería de recortes y medidas de austeridad.

La burguesía francesa se prepara y por eso no puede permitirse hacer concesiones que refuercen al movimiento y multipliquen la confianza en sus propias fuerzas. La batalla va mucho más allá de las pensiones, y el levantamiento obrero —el mayor desde 1968— desafía no solo la institucionalidad del Estado burgués, sino los cimientos del orden capitalista.

Es el momento de dar el golpe decisivo a la presidencia de Macron, extendiendo las huelgas para desembocar en una huelga general indefinida hasta que el presidente caiga. Su organización tiene que apoyarse en la constitución de comités de acción en las empresas y centros educativos que lleven a cabo las tareas y dirijan la ocupación de lugares de trabajo y estudio, poniéndolos bajo el control de la clase trabajadora y la juventud.

El congreso de CGT refleja el ambiente crítico con las direcciones sindicales

El reciente congreso de la CGT ha mostrado que en las bases impera un ambiente muy crítico con las vacilaciones de los dirigentes. En realidad, la presión desde abajo es lo que ha desbordado las convocatorias oficiales y ha puesto a Macron contra las cuerdas.

Por primera vez en la historia de la CGT el informe de actividad de la dirección saliente ha sido rechazado por los delegados. Las críticas a Philippe Martinez han sido muy duras y los delegados han rechazado la supuesta debilidad de la “correlación de fuerzas” que la dirección esgrime como justificación a sus vacilaciones y han exigido un cambio de rumbo.

A pesar de este ambiente crítico, el resultado del congreso no estuvo a la altura de las exigencias de los delegados. Aunque la candidata avalada por Martinez fue mayoritariamente rechazada, el aparato de CGT consiguió imponerse en la elección de la nueva dirección. El ala izquierda del sindicato —agrupada en la corriente UnidadCGT, encabezada por Olivier Mateu y Emmanuel Lépine— quedó fuera del máximo órgano de dirección pese a que el plenario les dio el 36,5% de los votos.

Una vez más, se comprueba que la lucha de clases sacude también a las más consolidadas y aparentemente imbatibles burocracias sindicales. Es el momento de que UnidadCGT presente abiertamente al movimiento su programa de lucha y convierta su mayoría real entre las bases en la mayoría oficial de la CGT.

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El reciente congreso de la CGT ha mostrado que en las bases impera un ambiente muy crítico con las vacilaciones de los dirigentes. La presión desde abajo es lo que ha desbordado las convocatorias oficiales y ha puesto a Macron contra las cuerdas. 

El empuje de La Francia Insumisa

La Francia Insumisa y su dirigente Jean-Luc Mélenchon han recogido el ímpetu del levantamiento obrero convirtiéndose en un referente para el movimiento, animando a intensificar la movilización y criticando la farsa de la democracia parlamentaria.

Este papel impulsor de la lucha ha convertido a LFI en blanco de múltiples ataques no solo desde el Estado, sino desde sus propias filas, la Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES), la coalición electoral promovida por LFI y que agrupa también al PS y al PCF.

El PS ha aprovechado una reciente elección parcial para presentar una candidatura propia, que contó con el apoyo de todas las fuerzas de derecha, incluidos los fascistas, y consiguió derrotar a la candidata de NUPES.

El PCF utilizó esta traición del PS para atacar a Mélenchon y tratar de minar su autoridad entre la izquierda. Fabien Roussel, su secretario general, declaró que “la NUPES está superada. Hay que agrupar mucho más allá” y propuso una nueva coalición con el PCF, el PS y el grupo escindido del PS que encabeza Bernard Cazeneuve, antiguo primer ministro socialista que ha dado su apoyo a Macron. Esta operación tendrá el apoyo mediático y financiero que sea necesario. La burguesía francesa no va a ahorrar medios para destruir a LFI.

La campaña de descrédito contra Mélenchon ha traspasado fronteras. El 15 de abril, El País publicaba un delirante artículo en el que, pese a reconocer que la ultraderechista Marine Le Pen no ­puede ni acercarse a las manifestaciones, se concluye que es su formación política, Reagrupamiento Nacional, quien se beneficiaría de las protestas, porque, supuestamente, esa ciudadanía que rechaza por abrumadora mayoría la reforma de las pensiones, no admite las “salidas de ­tono de LFI” y sus “exabruptos”, y en cambio ve con agrado a los “bien trajeados” dipu­tados neofascistas.

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UnidadCGT y LFI tienen en sus manos una gran responsabilidad. Para vencer es imprescindible un programa y un plan de lucha que ponga en el orden del día la expropiación del capital financiero y los monopolios que hoy mandan en Francia. 

La realidad es exactamente la contraria. Lo que El País califica como “salidas de tono” es la decisión de LFI de denunciar públicamente la farsa parlamentaria, dando la razón a lo que siempre hemos señalado los marxistas: que bajo el Estado capitalista la llamada democracia es un artificio formal para intentar enmascarar la dictadura real que ejerce con puño de hierro el capital financiero. LFI, apoyando que la movilización continúe a pesar de que la legalidad burguesa se ha cumplido, cuestiona de facto los prejuicios instaurados sobre la democracia. Todo esto ayuda a que los sectores más avanzados de la clase trabajadora y la juventud se acerquen a conclusiones revolucionarias.

UnidadCGT y LFI tienen en sus manos una gran responsabilidad. La batalla por las pensiones se ha convertido en una ofensiva contra el capital financiero y su sistema de dominación. Para vencer es imprescindible un programa y un plan de lucha que ponga en el orden del día la expropiación del capital financiero y los monopolios que hoy mandan en Francia. Ante un capitalismo que es irreformable la única alternativa es la revolución socialista y hoy son la clase trabajadora y la juventud francesas quienes pueden abrir una brecha que muy pronto sería continuada en todo el mundo.


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