Tras el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) del 1 de septiembre de 2022, la presión de todo un sector decisivo del aparato del Estado y de la burguesía para quitarse de en medio a la líder peronista, no ha cesado. En un contexto de aguda lucha de clases espoleada por la crisis del capitalismo argentino, en medio de una inflación desbocada que ha alcanzado el 100% al terminar el año, con un 37% de la población bajo el umbral de la pobreza, los capitalistas agrupados en torno a la candidatura de Macri se han marcado el objetivo de anular a CFK de cara a las elecciones presidenciales de 2023, y de esta manera descartar cualquier posibilidad de la vuelta de un Gobierno kirchnerista con CFK al frente, o en su defecto restar posibilidades a una nueva victoria del peronismo. Es la mejor forma que contemplan en este momento para desmoralizar y frenar al movimiento de masas en Argentina.

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La lucha de clases en Argentina se está recrudeciendo con la inflación desbocada que ha alcanzado el 100% al terminar el año y con un 37% de la población bajo el umbral de la pobreza. 

 
Así el 7 de diciembre de 2022, la vicepresidenta fue condenada por el Tribunal Oral Federal por fraude a las arcas estatales en la realización de las obras públicas llevadas a cabo entre 2003 y 2015 en la provincia de Santa Cruz. La pena impuesta fue de seis años de prisión por haber otorgado obras viales a un socio durante 12 años de mandato de ella y su marido, e inhabilitación para cargos públicos de por vida. 

La sentencia deberá ser ratificada por la cámara de casación y la Corte Suprema, decisión que podía tardar años. Por otro lado por ser senadora no entra en prisión fruto de la inmunidad que poseen los miembros del senado.

CFK denunció el caso como lawfare o guerra jurídica: “es un Estado paralelo”, “una mafia judicial” señaló. También fustigó al poder económico y mediático, particularmente a Magnetto el CEO del principal multimedia del país. Los jueces que la han condenado, están ligados al derechista Macri. De hecho medios de comunicación  revelaron que  hubo un encuentro secreto en una finca junto a un lago propiedad de Macri donde los jueces y el fiscal del caso se reunieron antes del juicio para prepararlo. El juicio parece que consiguió el efecto que perseguía la derecha: aunque tras la sentencia CFK podría ser candidata a las elecciones de 2023, CFK señaló que no iba a ser candidata a nada.

Un lawfare consecuencia de la política reformista de los Kirchner

Efectivamente todo parece indicar que la condena es un ejemplo claro de un lawfare aunque  muestra también el carácter corrupto de la corte de empresarios y amigos burgueses de CFK (del que formaba parte Báez actualmente preso) y de cómo trataban  de sacar partido de su cercanía a los Kirchner. La carrera empresarial de Báez (antiguo empleado de banca) comienza en 2005 tras conocer a Kirchner cuando era presidente de la provincia de Santa Cruz, posición que le permitió enriquece con las adjudicaciones del Estado.

Báez es uno de esos “empresarios nacionalistas” (arribistas sin complejos a la caza de obra pública)  de los que hablaba Néstor Kirchner, y que ahora ha resultado ser decisivo para sacar, de momento, a CFK de la carrera política. La derecha macrista y sus tentáculos en el poder mediático y judicial ha utilizado toda esta corrupción a la sombra de los Kirchner para intentar anular a CFK y desarticular el movimiento de masas.

Por otro lado, como sucede en otros países, frente a lo que señala CFK, no estamos ante una mafia judicial y policial incrustada en el seno del aparato estatal. Las cloacas del Estado son la misma esencia del Estado burgués, que en última instancia no responde a la voluntad de las urnas, como insisten los reformistas de todo tipo, sino que son un apéndice del poder de la clase capitalista y responde a su amo.

El duro golpe que supuso el Argentinazo, el levantamiento popular de diciembre de 2001, aún reverbera, aunque la política de los reformistas hace todo lo posible por intentar minimizarlo y que quede en el olvido. La derecha en las calles, en los juzgados, en las comisarías, en los Consejos de Administración de la banca y las grandes empresas, se siente con mayor confianza e intenta de diversos modos mantener, sostener o ampliar la base de su poder.

La burguesía argentina necesita cada vez con más urgencia un Gobierno que responda de un modo todavía más directo a sus intereses de clase y que acometa con más decisión los ataques a los derechos de los trabajadores y sus familias que el capitalismo argentino necesita; un Ejecutivo libre o capaz de hacer frente a la presión de las masas. Aunque  no hay unanimidad entre los burgueses de cómo conseguirlo.

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Sectores de la burguesía argentina estiman que la mejor opción es golpear con dureza al Gobierno peronista centrando en estos momentos toda la artillería contra Cristina Fernández de Kirchner. 


Un sector sigue apostando  por el presidente Alberto Fernández como instrumento para que aplique una política en su beneficio a la vez que contiene la ira de la clase trabajadora. Pero otros burgueses estiman que la mejor opción es golpear con dureza al Gobierno peronista centrando en estos momentos toda la artillería contra CFK. Consideran a Cristina y sobre todo al movimiento de masas que lleva detrás, como un gran problema. Esto explica la gran presión que ejercen para deshacerse de ella y su entorno.

En marzo con el nuevo acuerdo con el FMI salieron a la superficie, una vez más, las divisiones y desavenencias dentro del Gobierno argentino, esta vez en torno a la aplicación con una mayor o menor profundidad de los recortes que proponía el FMI. Desde la bancada del senado kirchnerista se propuso un plan para repatriar más de 70.000 millones de dólares evadidos al extranjero, una parte de los 170.000 que se estima que la burguesía argentina ha “fugado” del país. Sin embargo ese plan no llegó muy lejos y está paralizado. Al final venció la presión de la derecha peronista, que tras la dimisión de Guzmán como ministro de Economía, la efímera asunción del cargo por parte de Silvina Batakis, más cercana a la Kirchner y la designación de Massa, continuó y profundizó la política de ajuste del FMI sin que CFK dijera ni hiciera nada significativo. (Para más detalles https://www.izquierdarevolucionaria.net/index.php/internacional/america-latina/13286-argentina-maxima-polarizacion-politica-y-una-crisis-social-devastadora )

Tras el argentinazo, fruto de la enorme presión del movimiento de masas y un contexto económico internacional favorable, el kirchnerismo pudo sostenerse en el tiempo sobre toda una serie de reformas. Sin embargo con el estallido de la crisis capitalista y la gestión reformista de la misma de los Gobiernos de CFK, las limitadas medidas sociales aplicadas se fueron revirtiendo y fue este conjunto de factores lo que condujo a la derrota electoral peronista en 2017 a manos de Macri.

Los viejos sectores del aparato del Estado y de la derecha que habían permanecido agazapados esperando su momento, empezaron a sacar la cabeza y en la actualidad, con el recrudecimiento de la crisis económica, el efecto devastador que esta está teniendo entre las masas y el descrédito cada vez más acusado del Gobierno del presidente Alberto Fernández  y de la vicepresidenta CFK, han visto el momento oportuno para incrementar la ofensiva e impedir por todos los medios la continuación  de CFK en la política.

La situación económica labora en contra del Gobierno. Los planes que Massa el ministro de Economía son seguir los dictados del FMI sin cuestionarlos, y las limitadísimas medidas sociales que lanzó para intentar encubrir los recortes sociales que está llevando a cabo, han fracasado ignominiosamente, como la de mantener los precios de toda una serie de productos básicos, lo que h conducido, (como no podía ser de otro modo mientras los capitalistas sostengan el poder económico) al desabastecimiento de algunos de ellos. Seguir el camino que marca el FMI, solo conduce al desastre.

El Frente de Izquierda: arrancar a las masas de la influencia del reformismo con el Frente Único leninista

La izquierda que se agrupa entorno al Frente de Izquierda ha hecho importantes avances en los últimos años y tiene el terreno abonado para desarrollarse decisivamente. Cada vez es más amplio el descontento  contra la política reformista del peronismo y su demagogia para en última instancia tratar de apuntalar el régimen capitalista argentino lanzando unas migajas a la clase trabajadora.  Al mismo tiempo, la radicalización hacia la izquierda entre la juventud y la clase trabajadora, incluidos sectores de las masas enmarcadas en las distintas agrupaciones que forman parte del movimiento peronista, es también evidente.

Agruparlos en torno a un programa revolucionario es la tarea prioritaria de la izquierda. Pero la clave para construir un movimiento capaz de aglutinar a los sectores decisivos de la clase obrera argentina es ser capaz de atraer a esos sectores, cada vez más amplios, de la base del peronismo, descontentos con la política del Gobierno pero que al mismo tiempo consideran que un Gobierno macrista sería mucho peor que el actual.

Para lograrlo es fundamental que al mismo tiempo que se somete a una seria, rigurosa  y constante crítica a la política del Gobierno de Alberto Fernández y sus consecuencias, y a la de los dirigentes de las organizaciones sindicales peronistas, es necesario utilizar todas las oportunidades para acercarse a los militantes o simpatizantes peronistas; proponerles de manera fraternal la unidad de acción en la lucha por unos objetivos concretos, el frente único leninista, y contrarrestar de esta forma los constantes intentos  de la dirección peronista y de la burocracia sindical de aislar a la izquierda de su base.

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La izquierda que se agrupa entorno al Frente de Izquierda tiene el terreno abonado para desarrollarse decisivamente. la clave es ser capaces de atraer a esos sectores, cada vez más amplios, de la base del peronismo, descontentos con la política del Gobierno. 


Siempre hay ocasiones para ello y las habrá en el futuro. En ese sentido hubiera tenido un gran impacto en la base peronista participar activamente en la manifestación de repudio al intento de asesinato contra CFK. 

Es cierto que el Gobierno trató de utilizar esta manifestación para justificar su política de recortes y ganar apoyo, como se señala en diferentes resoluciones de las organizaciones de Frente de Izquierdas.

Pero hubiera sido muy positivo haber asistido a esa manifestación, en la que participaron centenares de miles de personas, con grandes cortejos de la izquierda, dejando claro el repudio al intento de asesinato y al mismo tiempo señalar como la política del Gobierno pavimenta el camino para la vuelta de la derecha macrista al Gobierno y que solo con una política auténticamente socialista se puede revertir este estado de cosas.

Miles de volantes con estas ideas en esta manifestación hubieran tenido un efecto muy importante en las filas de los simpatizantes peronistas que hubieran visto que la izquierda está en primera línea para luchar contra los fascistas al mismo tiempo que mantiene una alternativa socialista seria frente a la política peronista.

2023 va a otorgar muchas oportunidades a los sectores a la izquierda. Sea cual sea el candidato peronista que concurra a las elecciones, lo va a hacer es un escenario de aguda crisis e intensa lucha de clases. Tanto si gana el peronismo, o la opción macrista, un poderoso choque entre las clases está garantizado.


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