PONENCIA FORO POLITICO INTERNACIONAL
Francisco Rivero Álvarez
Psuv-Venezuela
 
En primer lugar deseo agradecer al Ministerio de Coordinación de Políticas del Ecuador por la invitación a participar en este importante evento que sin duda alguna va a contribuir a enriquecer el debate político  en el seno de la Revolución Ciudadana que lideriza el Presidente Rafael Correa.


Un especial saludo a la ministra Doris Solís y a todo su equipo de trabajo encabezado por el compañero Mario Ramos, por la excelente organización y recibimiento del que hemos sido objeto, mis más sinceras felicitaciones.
Así mismo queremos saludar con gran afecto bolivariano y revolucionario, al compañero Ricardo Patiño con quien  tenemos el honor de compartir la Mesa de Discusión de la mañana de hoy.


Sin duda que la presencia del canciller  Ricardo Patiño en este evento, cara a cara con la militancia revolucionaria como uno más, permite evidenciar que algo muy grande está ocurriendo en la forma de hacer política en el Ecuador.
Y principalmente un saludo revolucionario a ustedes, compañeros y compañeras de Alianza País y de todos los partidos de izquierda y militantes de movimientos sociales presentes en este evento.


Les traigo un mensaje de la organización de base del PSUV a la cual pertenezco; me mandataron para que les dijera: que con la inmensa movilización de calle que pudimos observar  a través de  Telesur el pasado 30 de septiembre, estamos seguros que el fascismo y los imperialistas en el Ecuador ¡No Pasarán!, o como decimos en  Venezuela, ¡No Volverán!
Quiero también informar, que cuando  compartí con los camaradas de mi organización de base  o “Batallón Socialista” como se denominan, sobre mi participación en el Foro, decidimos abrir una discusión sobre cuales serían los aspectos fundamentales a resaltar en la Ponencia.


De todas las ideas que de esa discusión salieron fue como estructuré los párrafos que a continuación voy a compartir con ustedes. Es decir, que esta es una ponencia realizada de forma “participativa y protagónica”    
 


Camaradas;


 Hay partidos revolucionarios que hacen una revolución y la moldean con su doctrina y su programa político.
Pero hay casos, donde es el desarrollo mismo de la Revolución la que moldea la definición ideológica del partido revolucionario, en base a las vivencias y contingencias del día a día, y e incluso en base de los latigazos recibidos de la contrarrevolución, como solía decir Trotsky. Este es el caso del PSUV. 

Repasemos un poco lo más resaltante de la historia de la Revolución Bolivariana y veamos.
Existen grandes paralelismos entre la revolución  ecuatoriana y  la venezolana; ambas alcanzan el poder como culminación de un largo camino de valiente y tenaz lucha por parte de sus pueblos, de enfrentamientos con las clases dominantes, de traiciones, de marchas y contramarchas, pero que al final,  para despecho y furia de la  oligarquía, podemos decir hoy  con orgullo revolucionario que tanto en Venezuela como en Ecuador  ¡lo logramos!, logramos desplazar del gobierno a la oligarquía y su partidocracia podrida.
En el caso venezolano el ciclo revolucionario no se inicia el 6 de diciembre de 1998 con la victoria electoral de Chávez como muchos pudieran pensar, sino  que se inicia con el llamado “caracazo”; días de febrero y marzo de 1989, en que el pueblo enfurecido fue masacrado en las calles, protestando en contra del  modelo neo-liberal que se nos impuso desde el Norte con la complicidad de una burguesía desnacionalizada y corrupta, y en el marco de la denominada Democracia Representativa, donde los únicos representados eran los intereses de los poderosos y el imperialismo.
A partir del triunfo electoral del Comandante Chávez, la burguesía y su proyecto político quedaron letalmente  acorralados. Demasiadas décadas de desmanes y represión habían erosionado todo su capital político y la correlación de fuerzas se hizo favorable a las fuerzas del cambio.
  El  pueblo comienza a profundizar su aprendizaje político con Chávez en  el gobierno, que no con el poder, hombro a hombro con su líder y su programa bolivariano, con un objetivo: sacar de la miseria a las grandes mayorías y restituir la dignidad de la nación  venezolana.
Es de recordar que la victoria electoral se alcanza sobre la base de una coalición de partidos reformistas y progresistas donde el eje central lo constituía el Movimiento V República, de reciente fundación, y  que  fungía como aparato electoral, pero carecía de un cuerpo doctrinario y político.
Así pues, seguros del compromiso de Chávez con el pueblo, ambos, pueblo y líder, en una poderosa relación dialéctica, inician la travesía por las turbulentas aguas de la Revolución. Sin un partido como tal, pero con toda la voluntad de hacer los cambios reclamados, y asidos únicamente, al programa democrático bolivariano dado a conocer al pueblo venezolano después de la rebelión de los militares patriotas del 4 de febrero de 1992.
Este programa se podía definir para entonces como: revolucionario, nacionalista, justicialista, anti-neoliberal, de profundo contenido social, propugnando la democracia participativa y protagónica en sustitución de la democracia representativa al servicio de las elites.
El propio Comandante Chávez ha recordado en múltiples oportunidades, que en los inicios del gobierno bolivariano  simpatizaba incluso con  la llamada Tercera Vía o capitalismo con rostro humano. Poco tiempo  faltaba en realidad, para que la burguesía le mostrara su verdadero rostro asesino y fascista.   
Bastó con que se promulgaran las llamadas Leyes Habilitantes que tan solo hacían justicia a campesinos y pescadores en sus reivindicaciones históricas, para que la burguesía y el imperialismo iniciaran su sangrienta y terrorista insurrección de 2002 y 2003 sin importarles para nada el orden constitucional y el tan cacareado y sacrosanto Estado de Derecho con el que se llenan la boca.
Del Golpe de Estado del 11 de abril y de la cacería fascista de chavistas de esos días, se aprendió la amarga lección de que hacer la revolución es cosa seria,  que la burguesía no tiene contemplaciones a la hora de actuar; y que no hay posibilidad de entendimiento con ellos que no pase por la claudicación del programa revolucionario como condición.  
Pero de la victoria  popular del 13 de abril, cuando por la vía revolucionaria fue derrocado el gobierno fascista de la burguesía, el pueblo  aprendió a valorar su propio musculo, a hacerse plenamente consciente, de que no hay poder político superior en este mundo,  que los trabajadores decididos a tomar el poder y  a defender el poder.
Terminamos de entender los revolucionarios entonces, que no es posible acabar con la pobreza en el marco del capitalismo, porque  su lógica intrínseca no lo  permite y porque a la burguesía de la misma forma, no le es posible funcionar en el marco de las leyes de la revolución.  
Pero la mayor de las enseñanzas fue el habernos permitido darnos cuenta,  de la enorme debilidad que representaba para la revolución, no contar con un Partido organizado y blindado ideológicamente que permitiera prevenir y defender de manera coordinada y responsable al gobierno revolucionario en la calle y en el seno de la sociedad.
Ocho meses después del Golpe de Estado, la burguesía arremetió de nuevo con el paro sabotaje petrolero que detuvo el comercio y la economía del país por 62 largos días. Grandes movilizaciones populares se efectuaban en defensa del gobierno por esos días, pero el país continuaba detenido.
 Fue la mano de la clase obrera la que inclinó la balanza a favor de la Revolución al no plegarse al paro, abrió las fábricas y refinerías y las puso a funcionar, sin capataces ni ingenieros.
 Fue otra gran  lección aprendida;  que no es posible hacer una revolución sin el apoyo mayoritario y protagónico de la clase trabajadora que se convierte sin dudas en la vanguardia de la Revolución.
Así mismo asimilamos, que la producción y distribución de los insumos básicos como la alimentación, el vestido y los servicios, como la electricidad y la telefonía son demasiados importantes para dejarlos en manos privadas, que especulan con los precios, generan desabastecimiento y paralizan las industrias para desestabilizar al gobierno revolucionario.
En este sentido el gobierno bolivariano tomo al poco tiempo la responsable decisión de nacionalizar la CANTV, la EDC; así mismo se creo la red de abastos y supermercados Mercal y una red de producción agroindustrial para el procesamiento propio de alimentos de gran consumo masivo.
Mas recientemente se nacionalizó el cemento y la cabilla, a fin de asegurar la ejecución de obras públicas y la construcción de vivienda; en  todas funcionan  consejos de trabajadores y sus niveles de producción y funcionamiento son exitosos con algunas contadas excepciones.
Podemos ver claramente como a raíz del latigazo del Paro Patronal de 2002-2003, se generó toda una inercia socializadora impulsada en la mayoría de los casos por los propios trabajadores y que cada día encadena a nuevos sectores de la economía.
Así, a fuerza de porrazos, es como se ha ido plasmando el carácter socialista y antiimperialista de la Revolución Bolivariana, proclamado por el Comandante Chávez a los pocos días de derrotado el paro de la burguesía piti-yanqui, en una de las movilizaciones de masas mas grande de los últimos años.
Cabe resaltar que este carácter socialista fue refrendado por el pueblo en las elecciones presidenciales de 2006, donde el Presidente Chávez ahora presentándose con un programa abiertamente socialista, obtuvo la mayor votación de la historia nacional con un 62% de los votos; lo cual echa por tierra la tesis imperialista, y lamentablemente creída en muchos países hermanos por algunos compañeros confundidos, que hace ver que la lucha por el socialismo en Venezuela es producto de las ideas descabelladas de un líder loco y excéntrico.    
 Así pues, cerrada la posibilidad de hacer los cambios en el marco del capitalismo, la revolución con el Comandante Chávez a la cabeza, se vio forzada a  inventar en los términos  de Simón Rodríguez aquel grande  de “inventamos o erramos”, un modelo socialista  que no repitiera los fracasos y desviaciones del llamado socialismo real ¡vaya reto!, tal vez igual al que tuvimos que asumir los latinoamericanos en 1810.
 Se comenzó a estudiar  bajo el estimulo del propio Comandante Chávez la experiencia histórica de las revoluciones. ¡Cuanto nos hubiésemos ahorrado!  A leer y releer a Marx y Engels, a Lenin y a Trotsky, a Rosa Luxemburgo; a estudiar, descubrir y redescubrir  sus magistrales enseñanzas, producto de las experiencia acumulada por los revolucionarios a lo largo de gloriosos y dolorosos años.  
Entendimos por ejemplo con Trotsky, que el fracaso de la Unión Soviética  no fue culpa del socialismo en si mismo como lo hace ver la ideología burguesa, sino a múltiples factores entre los que destaca el aniquilamiento del control obrero de las fabricas y del poder de los soviets, por parte de una casta burocrática que traicionó y se  apartó de los principios marxistas y leninistas y secuestró el poder para usarlo en  beneficio propio.
Aprendimos que esta casta burocrática y dictatorial con Stalin como caudillo,  creo una  ideología marxista- leninista deformada y ajustada a sus intereses nacionales e internacionales, que llevó al desastre a muchas revoluciones socialistas en el mundo entero
Lo más increíble es que existan honestos compañeros atrapados en las tesis estalinistas,  que no terminan de comprender el potencial revolucionario y dialectico de nuestros procesos revolucionarios y que en la mayoría de los casos terminan adversándonos con gran encono, sirviendo de carne de cañón a la burguesía. 
 Aprendimos  en definitiva, que sí es posible construir una sociedad socialista, productiva y democrática, rescatando los auténticos principios marxistas y leninistas, sustentado en el desmontaje del Estado burgués, en el control obrero de la producción,  en la transferencia del poder a la población organizada y la creación de la milicia popular.
 Hoy, cuando observamos la actual crisis del capitalismo que ha lanzado a la pobreza y al desempleo a millones de personas en Europa y Estados Unidos, nos damos cuenta que en cierta medida, Latinoamérica  ha estado a la vanguardia de la insurgencia mundial en contra del capitalismo con nuestros procesos anti-neoliberales en Venezuela, Ecuador y Bolivia fundamentalmente, pero no es suficiente.
Esta crisis del capitalismo, generada por la anarquía en la producción y la especulación improductiva en los países capitalistas avanzados y que ha permeado a lo largo del planeta como producto de la globalización, que se comporta como un verdadero tumor maligno sobre el planeta, esta dando síntomas de profundo agotamiento, veamos lo que esta pasando en Grecia, Francia y España, y lo que falta  aun por ver.
La historia nos enseña que para derrotar al capitalismo  se hace necesaria la acción consciente de la clase trabajadora, con una dirección política revolucionaria, guiada por los principios del socialismo científico,  que sea capaz de articular la mayor fuerza posible a fin de motorizar y profundizar los procesos revolucionarios en nuestros diferentes países.
Lo que si debe quedar claro, es que no es posible modificar del todo nuestra realidad nacional y latinoamericana, sino logramos incidir en el orden capitalista mundial
 Pero la experiencia revolucionaria no se ha detenido en Venezuela en estos ocho años transcurridos después del golpe y el paro patronal y a tres años de constituido el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV.
Hemos tenido que vivir la lucha en el seno mismo de la revolución  entre el pueblo y la clase trabajadora que empujan para que la revolución llegue hasta el final y los saque definitivamente de la pobreza, y aquellos que por vacilación o vínculos ideológicos o materiales con la burguesía, en nombre de la revolución,  hacen todo por frenar y desviar su avance; es el reformismo, que aparece como mala hierba en todas las revoluciones y   que de imponerse termina liquidando a la Revolución en nombre de la prudencia y de “acuerdos tácticos” con la burguesía.
 
Estamos enfrentando igualmente a otro enemigo interno tanto o mas  letal que la propia burguesía: el burocratismo, el cual es hijo directo del reformismo y el estalinismo,  que apoyado criminalmente  en la inercia ideológica del orden burgués y en defensa de sus intereses mal habidos, fruto del robo y la corrupción dentro de la Revolución, pretende  sustituir y usurpar al pueblo y a los trabajadores, en la conducción del poder popular y en el control obrero de los sectores nacionalizados.
Esta es camaradas en grandes rasgos la historia y las lecciones más importantes de la revolución venezolana,  forjada en base a hechos reales vividos por el pueblo. Cualquier revolucionario venezolano, indistintamente de su formación,  palabras más o palabras menos, se pararía aquí a decir lo mismo que yo he transmitido hoy a ustedes, porque no es sacado de libros sino de la vivencia cotidiana en estos doce años de revolución bolivariana.
  Así es como  ha sido  parida por el pueblo y los trabajadores con el Comandante Chávez a la cabeza, la definición ideológica del Partido Socialista Unido de Venezuela, que está plasmado en sus Estatutos y Declaración de Principios elaborados por el Congreso Fundacional y que lo definen en amplitud como:
·         Anticapitalista y Antiimperialista
·         Anticorrupción
·         Socialista
·         Marxista
·         Bolivariano
·         Comprometido con los intereses de la clase trabajadora y el pueblo
·         Humanista
·         Internacionalista
·         Patriótico
·         Unitario
·         Ético y con moral revolucionaria
·         Defensor de los derechos de la madre tierra
·         Defensor de la igualdad y equidad de género
·         Defensor de los derechos de las personas con discapacidad
·         Defensor de la democracia participativa y protagónica en la sociedad
·         Como vanguardia política del proceso revolucionario
·         Original y creativo
·         Defensor, impulsor y promotor del Poder Popular
·         Promotor del desarrollo endógeno
·         Defensor de la igualdad en el seno de la organización
·         Crítico y autocrítico
·         Basado en el principio del centralismo democrático y de dirección colectiva
·         Disciplinado
·         Practicante de la democracia interna en el partido
Esta es pues nuestra contribución para el debate de ideas sobre como debe ser el  partido llamado a asumir  la conducción de los cambios revolucionarios que ameritan nuestros pueblos para superar la miseria y el atraso.
Por ultimo el Batallón Socialista les mandó, con toda la humildad del caso, las siguientes recomendaciones a los hermanos ecuatorianos:  
1-   Que no le teman al socialismo, que le teman al capitalismo.
2-   Que no caigan en la trampa de acuerdos con la burguesía.
3-   Que estudien sin prejuicios a Marx, Lenin, Trotsky y todos los revolucionarios que nos antecedieron.
4-   Que combatan fuertemente el burocratismo.
5-    Que aprendan de nuestra experiencia tan cercana a ustedes, ya que mucho se ahorrarían.
Gracias por su atención estimados compañeras y compañeros;
 
PATRIA SOCIALISTA O MUERTE ¡VENCEREMOS!
 
 

  


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