Este pasado año 2009 se cumplieron 20 años de lo que se puede considerar el comienzo de un nuevo período revolucionario en América Latina. En febrero de aquel lejano año 1989 las masas venezolanas se lanzaron a la calle en una rebelión espontánea en contra del paquete económico neoliberal implementado por el flamante presidente socialdemócrata, Carlos Andrés Pérez. Esa rebelión, que pasó a la historia como "El Caracazo", y que hizo tambalear al régimen burgués durante un par de días, sólo pudo ser sofocada a sangre y fuego por el ejército (la policía y la guardia nacional ya habían sido desbordadas) a un costo de unos tres mil muertos, en su mayoría trabajadores y gente humilde del pueblo.

 

El alzamiento popular en contra de los ajustes económicos capitalistas no se circunscribió sólo a Venezuela, también en Argentina, en ese mismo año y luego en 1990, se produjeron hechos similares en las principales capitales del interior. En ambos casos la rebelión se dio bajo la forma de saqueos generalizados que hicieron las veces de válvulas de escape a la frustración y el malestar acumulado ante un sistema que, no sólo no satisfacía ya las necesidades más elementales del pueblo, sino que trataba de sobrevivir aumentando la explotación de los trabajadores a límites insoportables.

 

Estos sucesos, ocurridos en el mismo momento en que se desmoronaba la URSS y los capitalistas y sus ideólogos anunciaban a los cuatro vientos "el fin de la historia" y la supremacía del sistema capitalista sobre el socialismo, demostraban todo lo contrario: el capitalismo hacía agua en América Latina y dejaba al descubierto las condiciones objetivas de una situación revolucionaria. Sin embargo, con sus organizaciones minimizadas o destruidas por las derrotas de los años 70 y 80, la clase obrera no sólo no pudo aprovechar esta situación favorable, sino que fue víctima durante la década de 1990 a comienzos del siglo XXI, de una nueva oleada voraz por parte de los capitalistas para aumentar el saqueo y la explotación en esta parte del mundo.

 

La implementación de las llamadas políticas neoliberales, y que no eran más que políticas capitalistas en su forma más ortodoxa y pura, terminó de destruir las economías latinoamericanas a través de su casi total privatización, y sumió a las masas en unas condiciones de explotación y miseria nunca vistas hasta entonces. "Durante los 80s, los salarios reales disminuyeron generalmente, aunque en los años 90 experimentaron resultados variados, aumentos muchas veces seguidos por caídas. En el caso de Argentina, a partir de mediados de los 90s, los salarios reales no llegaron ni al 60% del nivel de los mediados de los años 70, cuando comenzó el cambio a la política neoliberal. En el caso de México, los salarios reales manufactureros todavía están alrededor del 70% del nivel de 1980. El nivel general del desempleo urbano en América Latina era 7.3% en 1990, pero creció a 10.8% en general en 2003, con casos como Argentina creciendo de 7.4% en 1990 hasta 19.7% en 2002, o Colombia, de 10.5% en 1990 creciendo hasta 17.6% en 2002. (ECLAC, 2004); los dos son ejemplos de países más industrializados.

 

El nivel general de miseria en América Latina era 40.5% en 1980 y después creció hasta 48.3% en 1990, pero después cayó hasta 44% en 2002 (ECLAC, 2004). Aunque el nivel de miseria en las áreas rurales experimentó un comportamiento parecido, los resultados están lejos de ser alentadores: el nivel de miseria era 59.9% en 1980, creció hasta 65.4% en 1990, y después mejoró y estaba en el 61.8% en 2002. También había un patrón parecido para los niveles de indigencia: de 18.6% en 1980, creciendo hasta 22.5% en 1990 y después cayendo hasta 19.4% en 2002. Asociado con el problema de la miseria, había un aumento destacable del empleo informal con salarios más bajos e ingreso menos estable, especialmente evidente durante las crisis. Por ejemplo, en el Gran Buenos Aires, el empleo informal alcanzó un 38% de todo el empleo en 1999, y se estima que estos trabajos tienen ingresos de 45% menos que el empleo formal (Rapoport, 2000: 1021). Es común que los economistas ‘mainstream’ sostengan que las reformas neoliberales causarían un boom de crecimiento, que causaría inicialmente un aumento de desigualdad, pero con el efecto ‘trickledown’ debería reducir la desigualdad con el paso del tiempo. Al examinar tales cambios en América Latina desde mediados de los años 80 hasta 2002-2003, se vio que había una tendencia clara de aumento de desigualdad, aunque con algunas excepciones, como Colombia y la República Dominicana. Aumentos destacables de desigualdad del ingreso ocurrieron en Costa Rica, México, Venezuela y Argentina; siendo este último el más notable, por ejemplo, el más alto decil tenía el 30.9% del ingreso nacional en 1980 y creció hasta el 40.7% en 2002".(1)

 

Como decíamos antes, los alzamientos populares de los años 89 y 90 sólo fueron el inicio de un período revolucionario que, con sus alzas y bajas, se ha extendido hasta el presente. Lo que comenzó en un par de países, hoy se puede decir que se ha propagado a casi todo el continente y tiene sus puntos más avanzados en las revoluciones que se vienen desarrollando, cada una con sus propias particularidades, en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Las revoluciones son como ríos crecidos que buscan un cauce para avanzar, si se les cierra una vía buscarán otra, así ésta no sea la más ortodoxa. Las condiciones objetivas para la revolución estaban dadas, como dijimos antes, pero no existía la organización revolucionaria que actuara como un pistón para concentrar y darle dirección a toda esa fuerza potencial de las masas.

 

En Venezuela, luego del Caracazo, se dieron dos alzamientos militares fallidos y la elección como presidente de la República de un viejo político burgués, Rafael Caldera, que llegó al gobierno disfrazado de progresista para tratar de darle continuidad a las políticas del FMI que había empezado a aplicar Carlos Andrés Pérez cinco años antes. Finalmente, fue Chávez, el mismo joven militar que dirigió el primer intento de golpe de Estado de 1992, el que se puso al frente del movimiento de masas para conducirlo a la victoria electoral de 1998. En Bolivia, las masas expulsaron a través de insurrecciones populares a dos presidentes de la burguesía y por lo menos dos veces tuvieron la oportunidad de tomar el poder entre 2003 y 2005, pero la falta de una dirección revolucionaria dio al traste con ellas. Al final, la revolución se encauzó por la vía electoralista llevando a la presidencia de Bolivia a Evo Morales. En Ecuador ocurrió algo similar: luego de varios intentos fallidos de insurrecciones populares, las masas terminaron eligiendo presidente a Rafael Correa.

 

Sin embargo, ninguna de estas revoluciones ha triunfado. Los gobiernos de estos tres países han tratado de implementar programas reformistas que parten de reformar al Estado burgués a través de procesos constituyentes, haciendo hincapié en lo social para intentar disminuir las enormes desigualdades existentes, pero sin afectar su propia estructura y manteniendo las relaciones de producción capitalista. Estas políticas, en la medida que propiciaron una mayor inversión social por parte del Estado a través de misiones y programas, además del desarrollo de obras de infraestructura, generaron un crecimiento económico. Particular es el caso de Venezuela que estuvo creciendo ininterrumpidamente durante casi 5 años. Esta euforia llevó a algunos dirigentes como Chávez e, incluso, Cristina Fernández en Argentina, a decir que la crisis no tocaría a estos países, que estaban blindados contra ella. No obstante, al estar el crecimiento apuntalado por los altos precios de los combustibles fósiles, que son la base de las exportaciones de estos tres países, cuando los precios cayeron en medio de la crisis capitalista, el crecimiento se detuvo al verse afectadas políticas económicas como la del "socialismo petrolero" en Venezuela, debiendo recurrirse entonces a medidas de ajuste de tipo monetarista. Como decía Trotsky, la crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Las contradicciones que se generan por tratar de hacer revoluciones por etapas, aplicando políticas reformistas, mantienen la lucha de clases sin resolverse, agotando a las masas y, por lo tanto, sometiendo a la misma revolución al peligro de ser derrotada en cualquier momento.

 

El desarrollo de la revolución bolivariana en primer lugar, y de las revoluciones en Bolivia y Ecuador posteriormente, unido al reimpulso que esta situación ha dado a la propia revolución cubana, han sido un ejemplo para que los demás pueblos del continente intenten buscar una salida en esa dirección. Lo ocurrido en Honduras es un buen ejemplo en este sentido. Uno de los pueblos más explotados y sometidos de América Latina supo alzarse en contra del golpe de Estado dado a Zelaya por la oligarquía apoyada por EEUU y convertir ese movimiento inicial en una rebelión que ya dura varios meses. Quién duda que la elección en su momento de Lula en Brasil, de Tabaré Vásquez en Uruguay, de Fernando Lugo en Paraguay, de Daniel Ortega en Nicaragua, e, incluso, de los Kirchner en Argentina y de Michelle Bachelet en Chile, identificados como progresistas, independientemente de las políticas que posteriormente desarrollaron, estuvo influenciada por los vientos de revolución que han estado soplando en la región. También la candidatura presidencial de López Obrador en México y el maravilloso movimiento de masas que lo impulsó y luchó hasta el final por evitar el fraude debe inscribirse en esta corriente.

 

Actualmente, y a pesar que las revoluciones en desarrollo en Venezuela, Bolivia y Ecuador, no terminan de completarse, y que los demás gobiernos "progresistas" no han hecho más que poner paliativos a las lacras generadas por el capitalismo, la propia situación de explotación crónica de las masas latinoamericanas, agravada por la crisis mundial del sistema capitalista que cierra cualquier esperanza de solución en ese sentido, la idea de la revolución se mantiene en la mente de millones de latinoamericanos como la única salida posible a su actual situación.

 

El lugar más desigual del mundo

 

Doscientos años después de su independencia, el sueño de libertad e igualdad que impulsó la lucha de las masas latinoamericanas en contra del colonialismo europeo a comienzos del siglo XIX, se encuentra hoy más lejano que nunca. Si en algún lugar del mundo se puede decir que el sistema capitalista ha fracasado, ese lugar es América Latina, una de las regiones más ricas del planeta en lo que a recursos naturales se refiere, con enormes posibilidades de desarrollo industrial y agrícola, con una población relativamente pequeña para su gran extensión territorial y, sin embargo, es la región más desigual del mundo en lo que a la distribución de la riqueza se refiere. En América Latina conviven algunos de los hombres más ricos de la Tierra junto a millones de personas que se ubican en niveles de extrema pobreza, que cuando logran comer algo no saben cuándo lo volverán a hacer.

 

"América Latina tiene la mayor brecha social de todas las regiones del mundo. En esta región, el 5% más rico recibe el 25% del ingreso nacional, mientras que el 30% más pobre recibe menos del 7,5%. El 10% más rico de la población de la región tiene un ingreso que es 84 veces mayor que el del 10% más pobre… De acuerdo con las cifras de CEPAL, 43,5% de la población latinoamericana estaba bajo la línea de pobreza en 1997, una reducción significativa con respecto a los 48 puntos porcentuales de 1990. Sin embargo, en 1999 el índice aumentó a 43,8%, lo que representa 211 millones de personas. Mientras, la extrema pobreza o indigencia disminuyó de 22,5% en 1990 a 19% en 1997 y a 18,5% en 1999. Este último porcentaje equivale a 89 millones de latinoamericanos". (2)

 

Estos índices de la década del noventa no variaron mucho en los siguientes diez años, a pesar que en una buena parte de estos países, merced al empuje revolucionario de sus pueblos, se instalaron gobiernos considerados progresistas que abandonaron el modelo capitalista salvaje y adoptaron políticas reformistas que pusieron un poco más de énfasis en lo social. Según los últimos informes de la CEPAL uno de cada tres latinoamericanos es pobre y uno de cada ocho vive en la pobreza extrema. Aunque esto tiende a agudizarse en los países más pobres como Haití y Honduras, donde siete de cada diez personas son pobres.

 

Por otra parte, la mitad de los pobres del continente viven en los dos países más poblados: Brasil y México. Salvo contadas excepciones como Venezuela, donde el 40% de la población más pobre dispone del 18,4% de la riqueza, la participación más alta de Latinoamérica, la distribución de los ingresos tampoco ha mejorado mucho. La desigualdad en América Latina se genera en una grosera concentración del ingreso en el sector de la población con mayor renta, y a su ausencia en el sector de la población más pobre. El último Índice de Desarrollo Humano señala que el 10% de la población más rica de la región recibe entre el 40% y el 47% del ingreso total, mientras que el 20% más pobre entre el 2% y el 4%, incluso por debajo de África y de los lugares más pobres de Asia que están por sobre el 5%.

 

De acuerdo al índice de Gini, cinco de los diez países más desiguales del mundo se encuentran en América Latina, entre los cuales se hallan Brasil, donde el 40% de la población debe vivir con poco más del 10% de la riqueza mientras el 10% de la población se queda con el 45% de dicha riqueza, y Chile, donde el 40% de la población dispone del 15% de la riqueza mientras el 10% más rico se queda con el 47%, países ambos que son presentados como ejemplo de desarrollo económico. "El caso de Chile es la prueba más clara de que la pobreza no se reduce automáticamente con el crecimiento económico, señaló el director ejecutivo del Fondo de Solidaridad e Inversión Social de Chile (FOSIS), Mario Ossandón: "Desde 1996, la indigencia no ha bajado y se mantiene en torno al 5,7%. Chile sigue creciendo, sigue diminuyendo la pobreza, pero la extrema pobreza se mantiene absolutamente estática", comentó". (3)

 

Brasil y México no sólo comparten la mitad de los pobres latinoamericanos, también comparten a 23 de los 31 multimillonarios que tiene Latinoamérica en el selecto mundo de los capitalistas más ricos del planeta según el ranking 2009 de la revista Forbes, incluyendo al tercer hombre más rico del mundo: el mexicano Carlos Slim Helú, propietario de 35 mil millones de dólares. Estos 31 parásitos acumulan 120,9 mil millones de dólares, con un promedio personal de 3,9 mil millones de dólares, en un continente donde mueren diariamente de hambre 288 niños y donde uno de cada diez latinoamericanos se acuesta sin comer, o debe comer tierra como en Haití o ratas como en San Miguel Potosí en México. El número de personas que pasan hambre ha crecido en Latinoamérica, según el último informe de la CEPAL la pobreza en la región aumentará, en el año 2009, 1.1% y la indigencia 0.8%, en relación con 2008. Así, las personas en situación de pobreza pasarán de 180 a 189 millones en 2009 (34.1% de la población), mientras que las personas en situación de indigencia aumentarán de 71 a 76 millones (13.7% de la población), y nada parece indicar que esto vaya a variar en el año 2010.

 

Hasta una organización pro capitalista al servicio del imperialismo yanqui, como Inter American Dialogue, reconoce en su informe del año 2009: "Más allá de los programas de TMC, existe poca evidencia de que las mejoras importantes en la política social hayan sido cruciales en la disminución de la pobreza y la desigualdad en las últimas dos décadas. No cabe duda de que varios gobiernos han buscado mejorar los servicios sociales, aumentando significativamente el gasto social, focalizándose en los pobres, y descentralizando programas a gobiernos locales más responsables. Pero estos esfuerzos—a pesar de ser sustanciosos—han tenido un impacto limitado. La mayoría de los expertos argumenta que el gasto público (incluyendo el gasto social) es neutral o regresivo- y no ha logrado redistribuir el ingreso a los pobres. La educación pública y los servicios de salud, la mayoría de los cuales asisten a los pobres, padecen de baja calidad en casi todos los países. Por lo tanto, es difícil ser optimista. Hasta ahora, América Latina no parece haber desarrollado una estrategia sólida para reducir la pobreza y la desigualdad— o para lograr mayor inclusión de sus ciudadanos más pobres dentro del sistema político y económico. El fracaso continuo de la región en promover un adecuado avance social pone en riesgo su estabilidad política, haciendo más difícil la atracción de la inversión necesaria para el crecimiento económico. La política social necesita renovarse y fortalecerse de forma significativa." (4)

 

América Latina 2009: menor crecimiento económico, mayor desempleo y explotación

 

Aunque en un primer momento algunos gobernantes de la región afirmaron que la crisis no tocaría sus países, la misma se hizo sentir con fuerza durante el año 2009 poniéndole freno a cinco años de crecimiento sostenido y descenso de las tasas de desempleo. En una región altamente dependiente del comercio de sus materias primas en un mundo absolutamente globalizado era temerario realizar semejante afirmación. En la mayoría de los países latinoamericanos la desaceleración económica comenzó a hacerse sentir en el segundo semestre del año 2008, en el caso de Venezuela, que contaba con un buen colchón de reservas producto de los altos precios del petróleo, este proceso se demoró un poco más, pero al final igual llegó, y en todos, desde entonces, no se ha detenido. "Según el reporte de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), América Latina termina su buena racha de crecimientos positivos de seis años (desde el 2003 se acumularon 2.2%, 6.1%, 4.9%, 5.8%, 5.8%, 4.2%)… En promedio la región caerá 1.3%. Brasil, quien había presentado años anteriores un crecimiento de entre 3 y 5.7%, caerá solo 0.8%. Las remesas caerán entre 5 y 10% a nivel regional. Para México las remesas vienen cayendo desde el primer cuarto del 2008, completando una caída de casi 20% en el segundo trimestre del 2009." (5).

 

El mismo informe de la CEPAL señala que la región sufrió una contracción en su crecimiento de 1,8%, lo que implica una caída del PIB de alrededor de 2,9% por habitante, siendo México, Centroamérica y el Caribe donde la caída fue mayor, aunque también cayeron las economías de Chile, Ecuador, Paraguay y Venezuela. Las exportaciones e importaciones también reflejan la caída económica. "Las exportaciones totales de América Latina y el Caribe cerraron 2009 con una caída de 24% en valor con respecto al año anterior a causa de la crisis internacional… la CEPAL señala además que las importaciones cayeron 25% en valor. Aunque tanto las exportaciones como las importaciones muestran una disminución importante, es menor a la observada al cierre del primer semestre de 2009 (-31% y -29%, respectivamente)… La contracción de 24% en el valor de las exportaciones de la región representa una caída combinada de 15% en precios y 9% en volumen… Esta reducción simultánea, tanto en precio como en volumen, no tiene precedentes en la historia reciente. Para encontrar una situación similar hay que retroceder hasta 1937… La recuperación económica observada durante el último trimestre de 2009 se debe, entre otras causas, al repunte parcial de los precios de varios productos básicos, como el cobre, zinc, petróleo, trigo y soja y a los elevados niveles de demanda que China ha mantenido desde el segundo trimestre de ese año… la caída fue de 42% para Venezuela y 32% para los países andinos en su conjunto, ésta llegó a un 29% en el Caribe, a 22% en México y Chile y sólo a un 6% en Centroamérica (excluido México). En tanto, la caída en las importaciones en 2009 es similar a la ocurrida durante la crisis de la deuda externa de 1982. Aquí las diferencias entre países y subregiones también son importantes: -35% en los países del Caribe, -32% en Chile, -22% en México y -26% en América del Sur." (6)

 

La crisis capitalista también golpeó a uno de los principales fetiches de capitalistas y reformistas regionales, y al que subordinan buena parte de su política económica: el de la inversión extranjera, la cual cayó un 40,7% en América Latina durante 2009, según un informe de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) (7). No es de extrañar, entonces, que la formación bruta de capital fijo haya disminuido un 9,8% durante el año 2009 producto de la fuerte contracción en la inversión en maquinaria y equipo, así como en el área de la construcción. Una demostración más de que a los capitalistas actuales ya no les interesa invertir su dinero en la producción de bienes, prefiriendo la vía rápida y fácil de la especulación financiera para hacer crecer su capital.

 

Sin embargo, la crisis económica, según algunos analistas al servicio del capital, no sólo trajo malas noticias, y con todo el cinismo del mundo anuncian que gracias a ella cayó la inflación en casi todo el continente americano, sobre todo, porque la gente tuvo menos dinero para invertir en comida, vivienda, educación, etc. "La crisis económica mundial ayudó en 2009 a los países de América Latina a contener la inflación a unos niveles en algunos casos no vistos desde hacía décadas, con tasas negativas incluidas en Chile, Guatemala y El Salvador y las excepciones de Argentina y, nuevamente, Venezuela. Las economías de la región vivieron una reducción de sus respectivas tasas de inflación respecto a 2008 particularmente gracias a la contención de los precios de los alimentos como consecuencia de las turbulencias económicas que se prolongan desde 2008 y que afectaron el consumo. Además de la alimentación, otros rubros que contribuyeron a mantener bajos los precios fueron las comunicaciones, el transporte, la cultura y la vivienda, mientras que, en general, en la región subieron por encima de la media otros como el de restaurantes y la educación. Sin embargo, mientras que en Chile y Guatemala la inflación registró una tasa negativa y en Bolivia, Perú y Nicaragua fue incluso menor al 1%, en Argentina se situó en el 7% y en Venezuela volvió a dispararse al 25,1%, porcentaje menor al de los años anteriores, pero el único en la región con dos dígitos… En Argentina, con la segunda mayor tasa inflacionaria de la región y apenas dos décimas por debajo del 7,2% de 2008… Chile vio en 2009 bajar los precios un 1,4%, su primera deflación desde hace 74 años, en comparación con el incremento del 7,1% del año anterior. Para el Gobierno, esto supuso que "los salarios de los chilenos tienen un mayor poder de compra y eso es bueno para el bolsillo y es bueno para las familias"… En Centroamérica, la inflación también estuvo inusualmente contenida, con índices del 0,93% en Nicaragua, el 2,4% en Panamá, el 3% en Honduras (su tasa más baja desde 1987) y el 4,05% en Costa Rica (la menor en la última década)… Uruguay, con una inflación del 5,9%. El resto estuvo por debajo de ese nivel, incluidas las dos mayores economías de la región: Brasil y México, cuyos indicadores subieron un 4,31 y un 3,57%, respectivamente. En Brasil se ubicó un poco por debajo de la meta que el Gobierno se había impuesto para el año, que fue del 4,5% con dos puntos porcentuales de margen, gracias a la caída de algunos alimentos básicos en la dieta del brasileño como el arroz, el fríjol y hasta la carne. En México fue la menor desde 2005 y se situó por debajo de las expectativas de los expertos. En la región andina, dos países estuvieron cerca de una tasa 0: Perú, con un alza de apenas 0,25%, y Bolivia, con un 0,26%. En Colombia se registró una inflación de 2%, la cifra más baja desde hace 54 años, mientras que en Ecuador se situó en 4,31%. En Paraguay el Índice de Precios al Consumidor se incrementó tan sólo un 1,9%, el menor porcentaje en cuatro años" (8).

 

La causa de la caída de la inflación hay que buscarla en las tendencias deflacionarias que se vienen viendo desde el año 2008 en los mercados de los alimentos y de la energía sumado esto a una menor demanda interna de bienes.

La recesión económica generada por la crisis capitalista ha tenido un efecto devastador sobre un empleo que ya venía golpeado y precarizado desde los años 90 y que apenas había comenzado una débil recuperación gracias a las políticas de inversión pública de algunos gobiernos durante los últimos cuatro o cinco años, como bien lo reconoce la OIT: "El fortalecimiento del gasto público que se está proponiendo en el área de la inversión pública no solo busca compensar la reducción de los niveles de inversión privada, sino que intenta hacerlo por medio de proyectos de rápida maduración y con uso intensivo de mano de obra… las políticas de generación directa e indirecta de empleo por parte del sector público continuaron jugando un papel contracíclico" (9).

 

A la caída en la producción industrial se agregó la paralización en el sector de la construcción el cual, en estos países, es alimentado básicamente por la inversión del Estado. "La coyuntura actual muestra que los niveles de ocupación están empeorando. La mayoría de los países registra una disminución de la tasa de ocupación, en algunos casos (Brasil, Colombia) de magnitud moderada, en otros (Chile, Ecuador, México) más pronunciada, con una reducción de más de un punto porcentual. Sólo en Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela, y muy levemente en la Argentina, aumentó la tasa de ocupación en la comparación interanual"(9), dice el boletín de la CEPAL-OIT del año 2009. Ya para el primer trimestre de dicho año más de un millón de personas habían perdido su empleo en América Latina, gracias a que la tasa de desempleo urbano se había incrementado en 0,6 puntos con respecto al mismo período del año anterior.

 

Esta situación ayudó a informalizar aún más el empleo y a incorporar a este mercado a mujeres y niños, "se espera que frente a la dificultad de encontrar empleo asalariado, la población en edad activa se incorpore a actividades informales en los hogares o realice trabajos por cuenta propia de escasa productividad e ingresos y con el propósito fundamental de sobrevivir. De igual modo, se esperaría una tendencia creciente de prácticas del mercado formal de trabajo destinadas a volver más informales los contratos a fin de reducir los costos laborales, lo que traerá consecuencias adversas sobre la precarización del empleo y una mayor desprotección social. La crisis incidirá de manera distinta en el comportamiento de la población en edad activa. Es probable que en muchos hogares de menores ingresos, la crisis impulse a miembros no activos, principalmente mujeres, a buscar empleo o incorporarse a alguna actividad laboral. Esto también podría tener consecuencias negativas sobre la incidencia del trabajo infantil" (9).

 

Buena parte de esta informalización laboral ha sido impulsada por las propias empresas capitalistas a través de la tercerización de sus trabajadores con el objeto de reducir los costos laborales, o para decirlo en buen castellano: aumentar los niveles de explotación de los trabajadores para que los capitalistas puedan sobrellevar la crisis. Como era de esperarse estas tendencias se mantuvieron a lo largo de todo el año y en su Panorama Laboral del año 2009 la misma OIT informaba que "2,2 millones de personas se incorporaron al grupo de quienes buscan trabajo y no lo consiguen. De esta forma, el número total de desempleados en la región habría llegado a 18,1 millones de personas… la tasa de desempleo aumentó en 2009 en 12 de los 14 países estudiados. Solo se salvaron Perú y Uruguay, donde hubo una leve disminución, de 8,6 y 7,9% por ciento en 2008 a 8,5% y 7,5%, respectivamente. Los mayores aumentos se observaron en Barbados (que subió de 8,3% en 2008 a 10% en 2009), Costa Rica (de 4,9% a 7,8%), Chile (de 7,9 a 10%), Ecuador (6,85 a 8,7%) y México (de 3,9% a 5,5%)… Por otra parte, el Panorama Laboral destaca que, de acuerdo con los datos disponibles en un grupo de seis países, en esta coyuntura de crisis se ha producido un aumento de la ocupación en el sector informal, de 3,1%. Según estos datos, 57,1% de las mujeres y 51% de los hombres sólo encuentran ocupación en el sector informal… en 2009 no se ha producido un aumento en la tasa de participación entre población en edad de trabajar, y por lo tanto la oferta de fuerza de trabajo ha sido menor. Esto es atribuido al fenómeno de ‘desaliento’ por parte de quienes no consiguen trabajo, en especial de jóvenes que habrían optado por mantenerse fuera del mercado laboral"(10).

 

La situación es tan dramática que hasta los directivos las organizaciones mundiales del sistema capitalista deben reconocer el fracaso de su propio sistema, "el director regional de la OIT, Jean Maninat, expresó que se ha incrementado en la región el trabajo informal (sin protección social, ni derechos laborales), una forma de trabajo "que sigue siendo una forma de refugio frente al desempleo". "De cada diez empleos que se crearon (en 2009), seis fueron en el sector informal", puntualizó Maninat al insistir en que el mercado laboral de la región "se caracteriza por su alta informalidad". Maninat subrayó que "antes de la crisis ya había otra crisis, de pobreza, de informalidad y de subempleo, de desarrollo insostenible y de déficit de trabajo decente". Por ello, Maninat recomendó que los Estados de la región pongan el empleo "como centro de las políticas económicas" y fomenten el diálogo social y la creación de empresas sustentables dado que "la mano invisible del mercado no es suficiente para que haya desarrollo de empresas sustentables" (11).

Notas:

 

(1)http://www.sep.org.br/artigo/_951_645ed94e898764e2158e66471cb78be6.pdf?PHPSESSID=93c69bf512f15aacfd4cac3a9c

(2) http://guiactual.guiadelmundo.org.uy/noticias/noticia_80.htm

(3) http://guiactual.guiadelmundo.org.uy/noticias/noticia_80.htm

(4)http://www.thedialogue.org/PublicationFiles/Politica%20Social%20Sintesis%20No%201%20Pobreza%20y%20Desigualdad%20en%20America%20Latina.pdf

(5) http://www.ideas4solution.net/archives/282

(6)http://www.eclac.org/cgibin/getProd.asp?xml=/prensa/noticias/comunicados/1/38281/P38281.xml&xsl=/prensa/tpl/p6f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl

(7) http://www.infolatam.com/entrada/america_latina_inversion_extranjera_cayo-18509.html

(8) http://www.infolatam.com/entrada/america_latina_logro_contener_los_precio-18487.html

(9) http://www.infolatam.com/entrada/cepaloit_un_millon_de_desempleados_mas_e-14395.html

(10)http://www.oit.org.pe/index.php?option=com_content&view=article&id=2362:oit-presento-panorama-laboral-2009-de-america-latina-y-el-caribe&catid=117:ultimas-noticias&Itemid=1305

(11) http://www.infolatam.com/entrada/latinoamerica_la_crisis_financiera_se_co-18347.html


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