Después de 12 de días de movilizaciones y una huelga general, el pueblo puertorriqueño ha asestado un golpe al imperialismo y a la oligarquía provocando la dimisión del gobierno misógino, machista, homofóbico y corrupto de Rosselló. Esta ha sido una lucha por la liberación del yugo imperialista, de rechazo a la miseria y la opresión.

Puerto Rico devastado por el imperialismo

Puerto Rico, ha sido siempre un país pisoteado por el imperialismo. Desde el dominio español y posterior invasión estadounidense, hasta el estatus actual como Estado Libre Asociado, esa máscara aparentemente democrática, que apenas sirve para encubrir el control colonial que sufre por parte de EEUU.

Puerto Rico ha sido duramente golpeado por el crac mundial del 2008. Después de 10 años de su estallido, a los constantes recortes sociales, se sumó la devastación del huracán María en 2017 y la ineptitud, desdén y corrupción del Gobierno para superarla. El número de víctimas mortales exacto aún no se conoce, pero se estima en 4700 personas. El huracán provocó un apagón masivo que afectó a casi la mitad de la población; un año después de la catástrofe aún existían zonas en las que todavía no se había restablecido el suministro de energía eléctrica. Hubo pérdidas por valor de 140 mil millones de dólares, aumentando el endeudamiento de la isla con EEUU que ya era impagable.

La indignación del pueblo provocada por la catástrofe y por la gestión que de ella hicieron las autoridades, se incrementó con el trato que les brindó Donald Trump. El presidente norteamericano mostrando un absoluto desprecio a la población, les arrojó víveres como si fuera alimento para los cerdos.

Roselló declaró al Gobierno en quiebra en 2017.

En la actualidad, la reconstrucción no ha sido concluida; miles de viviendas siguen derruidas y han salido a la luz varios casos de corrupción en los que se encuentran involucrados funcionarios del Estado y empresas constructoras.

Producto de esta situación, la mayoría de los puertorriqueños viven fuera de su país. En EEUU, viven más de 5 millones, mientras no llegan a los 4 millones los residentes en Puerto Rico.

Puerto Rico es mucho más similar a cualquier país de América Latina que al gigante del norte.

Es un país controlado por una mafia política interna, llena de corrupción y autoritarismo, organizada en torno al Partido Nuevo Progresista (PNP) al que pertenece Rosselló, también afiliado al Partido Demócrata de EEUU. El PNP controla el Parlamento.

Esta situación de podredumbre está avalada por Washington, quien es responsable de la asignación del gobernador en Puerto Rico.

Puerto Rico dentro de un continente en llamas

En este contexto, la indignación estalló el 13 de julio. Ese día se hicieron públicos los casi 900 chats de un grupo de 11 funcionarios. En ellos estos personajes expresaban su desprecio al pueblo puertorriqueño, su misoginia, homofobia y cinismo frente a la situación económica del país.

El Centro de Periodismo Investigativo (CPI), responsable de la publicación del caso ya conocido como “chatgate”, sacó a la luz una red multimillonaria de corrupción entre Gobierno y empresarios.

El crecimiento de este cáncer se puede entender fácilmente considerando el control hegemónico que ejerce el Gobierno sobre la Junta de Supervisión y Administración Financiera que controla la economía de todo el país. Esta está compuesta de ocho miembros de los cuales siete son elegidos por el gobernador.

La extraordinaria movilización del pueblo puertorriqueño logró en 12 días derrocar a su Gobierno actual. La puntilla fue la convocatoria de huelga general, ampliamente secundada.

Miles de trabajadores y jóvenes paralizaron todo el país, los puertos, cruceros, universidades, centros comerciales y una de las autopistas principales.

Un mar de gente inundó las calles para gritar ¡Ricky Renuncia! Después de dos semanas de protestas con concentraciones de más de medio millón de personas y el apoyo de batallones del ejército y la policía, el movimiento logró la renuncia de 15 funcionarios, entre ellos el sucesor por ley del actual gobernador y finalmente, la dimisión del gobernador mismo en contra de su voluntad, que se concretará el 2 de agosto.

El pueblo de Puerto Rico no sólo ha tenido un móvil interno, también se ha contagiado del ambiente de rebelión que recorre gran parte de Latinoamérica.

Las masas luchan para cambiar, no sólo a su Gobierno actual, sino toda la situación de podredumbre que ha venido sufriendo y que se ha visto agudizada en los últimos años. Las movilizaciones se extienden por todo el continente. Desde el sur, en Chile y Argentina con cinco huelgas generales en los últimos dos años, pasando por Brasil con su pueblo en resistencia contra el ultraderechista Bolsonaro también convocando a huelgas generales, hasta las recientes movilizaciones contra JOH en Honduras y las multitudinarias manifestaciones en Costa Rica. América Latina es un continente en lucha que ha contagiado incluso al corazón del imperialismo norteamericano donde se han producido movilizaciones de profesores, transportistas, estudiantes, mujeres, migrantes, etc.

En esto reside la preocupación de Washington, el temor de lo que se avecina en este ambiente convulsivo ahora también dentro de su propio territorio.

El pueblo de Puerto Rico no se irá a casa

Como un volcán que despierta de un largo periodo de calma, el pueblo puertorriqueño no se irá a su casa tras la dimisión de Rosselló. Después de años de opresión, la lucha no terminará en un cambio accesorio en la cúpula del Gobierno. El pueblo quiere un cambio profundo que no se logrará con la asunción del poder de Wonda Vázquez, actual secretaria de justicia. Esta sucesión es vista como una maniobra para evitar el juicio legal a Rosselló, por lo que el pueblo ha convocado a nuevas manifestaciones para la siguiente semana.

El pueblo puertorriqueño ha concluido que no basta un cambio de Gobierno, y tienen toda la razón. Para acabar con la crisis en Puerto Rico es necesario derrocar al sistema mismo, la raíz de todos los problemas que aquejan a la mayoría de los pueblos del mundo.

Es fundamental luchar por un Gobierno del pueblo e independiente, con base en la experiencia de la organización colectiva que permitió afrontar la crisis tras el huracán María, inspirados y fortalecidos con la victoria tras el derrocamiento de Rosselló. Es necesario vincular la lucha a la de los trabajadores y jóvenes dentro de territorio estadounidense y continuar la lucha hasta el final.


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