proclamacionEste mes de abril se celebra el 82º aniversario del derrocamiento de Alfonso XIII, abuelo del actual rey y de la proclamación de la II Républica. Esta efeméride cobra hoy más vigencia que nunca, sobre todo tras la vinculación de la Casa Real en el escándalo del caso Nóos, la acumulación por parte de la corona de una enorme fortuna y su ligazón con los grandes poderes económicos.

 

Hace tan sólo siete meses el gobierno del PP celebró en la Zarzuela un Consejo de Ministros, presidido por el rey Juan Carlos, quien escenificó su apoyo a los durísimos recortes sociales aprobados en esa reunión, entre ellos la reducción del subsisidio de desempleo o la subida del IVA del 18 al 21%. La derecha utilizó la figura del rey como “representante de todos los españoles” para justificar su ofensiva a los derechos de los trabajadores.

Una institución heredera de la dictadura

Pero una institución tan antidemocrática como la monarquía, elegida a dedo por la dictadura de Franco, lejos de representar los intereses de todo el pueblo, defiende los intereses de la clase a la que pertenece, la capitalista y terrateniente. De hecho, la monarquía española, según las investigaciones realizadas por diversos periodistas, es una de las familias más ricas del mundo (según la revista Forbes en 2003 ocupaba la 134ª posición), con vínculos estrechos con el negocio del petróleo.
Pese a la difusión de una imagen “neutral” y “apartidista” de la monarquía, en los momentos y temas claves, como puede ser la manera de hacer frente a la crisis capitalista, ésta siempre toma partido en defensa del sistema y clase social dominantes. Por esta razón la Constitución española en su título II le reserva un papel político fundamental como garante del sistema, a través de la firma de leyes, la jefatura del ejército o la disolución del parlamento, instrumentos que no dudará en utilizar si la propiedad privada y el sistema capitalista se ven amenazados.
En los últimos tiempos la vinculación de la Casa Real, a través de la imputación de Iñaki Urdangarin y más recientemente de la infanta Cristina en el caso Nóos, asociado a delitos de malversación, fraude, prevaricación y blanqueo de capitales, junto al descubrimiento de la herencia de 375 millones de pesetas depositados en Suiza que el rey recibió de su padre, muestra el grado de descomposición de esta institución y de todo el orden político vigente y la necesidad de luchar por su abolición.

El significado del 14 de Abril

La instauración y desarrollo de la república el 14 de abril de 1931 representa todo un referente de lucha revolucionaria de unos trabajadores y jóvenes que lo dieron todo para cambiar su destino y el de sus hijos, combatiendo al capitalismo y al fascismo. Unas generaciones que no lucharon por la República “sin más”, por derrocar al rey “y ya está” sino por profundos cambios sociales y políticos que transformasen radicalmente su existencia. Reivindicar el espíritu de lucha de aquel periodo, no significa elogiar acríticamente el papel desarrollado por los dirigentes socialistas y republicanos, unos dirigentes que no entendieron la necesidad de expropiar a la burguesía y que para “calmar” a los capitalistas y terratenientes dejaron a medias sus reformas o directamente las abandonaron (reforma agraria, depuración del ejército, solución a la cuestión nacional...). Unos capitalistas y terratenientes que, frente a la moderación de los líderes socialistas (en contraste con el empuje revolucionario de su base social) y republicanos, defendieron con uñas y dientes sus privilegios, su poder sobre la tierra, su control sobre la enseñanza, el ejército y las palancas fundamentales de la economía, frenando las aspiraciones revolucionarias de las masas y llegando hasta el punto de organizar un levantamiento militar e imponer durante 40 años una dictadura monstruosa como la del general Franco.

Aumento de simpatía hacia la república

En la actualidad la identificación cada vez mayor de jóvenes y trabajadores con la república y su bandera es un reflejo de la polarización política existente, del creciente rechazo que genera la monarquía y la derecha al frente del estado y un síntoma de la búsqueda de una alternativa política por la izquierda que rompa con el régimen actual. De hecho, en todas las encuestas realizadas en los dos últimos años sobre el papel de la monarquía han obtenido un suspenso en toda regla. La última vez que el CIS preguntó sobre la imagen de la Casa Real en octubre de 2011, ésta obtuvo un clamoroso suspenso (4,89 puntos sobre 10). Desde aquel momento el CIS no volvió a preguntar sobre el tema, pero sí lo hicieron otras consultoras como Sigma Dos en diciembre de 2012, poniendo de manifiesto el repudio del 57,8% de los jóvenes hacia esta institución.

República capitalista o república socialista

Hoy es más evidente que nunca la necesidad de una ruptura total con el sistema político y económico dominante, la monarquía parlamentaria y el capitalismo. No basta con derrocar al rey y toda su corte. Si queremos solucionar los problemas de desempleo, los retrocesos en nuestras condiciones de vida y trabajo, la destrucción de la educación y sanidad públicas, las guerras, el deterioro del planeta, la discriminación por sexo, raza o religión, no podemos luchar por una república capitalista al estilo de Francia o Portugal, sino por una República y un mundo socialista, en el que la economía se organice en función de las necesidades sociales de la mayoría de la población, no del lucro individual de una minoría de parásitos que se apropia y enriquece injustamente con los frutos de nuestro trabajo. Para esta tarea llamamos a todos los trabajadores y jóvenes a organizarse en la Corriente Marxista Revolucionaria.


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