El pasado 27 de febrero Chile vivió uno de los más fuertes terremotos en tiempos recientes, incluso mayor al que sufriese Haití poco antes. De hecho, el sitio web Physorg.com, especializado en temas científicos, estima que dicho terremoto ha sido el 5 más fuerte desde que hay registros. Tuvo una magnitud de 8,8 en escala de Richter y una duración de casi 3 minutos, y hasta el pasado 15 de Marzo ha tenido 14 réplicas de más de 6,0 grados y supera las 50 si contamos desde 5,0 grados. Hay centenares de muertos, decenas de miles de casas destruidas, más de 2 millones de personas lo han perdido todo e incluso la capital, Santiago, se ha desplazado unos 30 cm producto del movimiento sísmico. Las pérdidas materiales, según cálculos conservadores, ascienden a más de 40 millardos de dólares, lo que significa cerca de 15 % de su PIB. Al mismo tiempo lo que ha revelado este nuevo desastre natural es que el tan mentado Milagro Chileno tiene pies de barro.

 

Chile, país de grandes desigualdades

 

Chile tiene unos 17 millones de habitantes y un índice de pobreza del 14%, el menor en América Latina. La economía chilena ha sido alabada por todos los economistas burgueses y acólitos del liberalismo como un ejemplo a seguir. Recientemente, el diario burgués venezolano El Universal, como parte de su campaña de ataques a las ideas del Socialismo y en su usual línea editorial contrarrevolucionaria publicó un artículo firmado por Guillermo García, Asesor de Inversiones, titulado "Chile: economía y mercado de valores exitoso" el cual empieza declarando que "Chile ha sido un modelo de cómo un pequeño país en vías de desarrollo ha conducido sus temas económicos y financieros. Un país con 17 millones de personas, tiene hoy una de las más exitosas economías y mercados de valores a nivel mundial; además de poseer unos de los ingresos per cápita más elevados de América Latina" para luego continuar dando algunas cifras como que "El PIB per cápita (PPA) se cuadruplicó, a más de US$ 14.000, desde 1990 y superaría los US$ 18.000 para 2014. Tiene el Índice de Desarrollo Humano, (0,878), más alto de Latinoamérica, una esperanza de vida de 77,74 años y la tasa de mortalidad infantil (7,8/1000) a nivel de los países desarrollados. Pero lo más significante es la fuerte disminución de la pobreza, del 45,1% en 1987 al 13,7% en 2006."


 

Sin embargo, estas cifras aparentemente maravillosas esconden detrás de sí enormes diferencias y desigualdades cuando miramos por regiones. Antofagasta, en el norte, tiene un PIB per cápita similar al de Corea (más de 27 mil dólares anuales), pero duplica el de la zona central (Santiago, Valparaíso) y quintuplica el del sur, la zona arrasada por el terremoto que, con poco más de 6 mil dólares anuales per cápita, tiene, en cambio, el nivel de Angola. Adicionalmente a esto hay que recordar que estas cifras igualmente son engañosas pues lo que dan son promedios y, por ejemplo, los ingresos de la minería norteña no llegan en realidad a la población local sino que van a parar a los bolsillos de los grandes monopolios.

 

Adicionalmente, de acuerdo al diario chileno La Tercera, en un artículo publicado el pasado 07/06/2009. Para ese momento, la cifra de decrecimiento era del 4,6% con dicha tendencia mantenida durante los 6 meses previos. En dicho artículo, se cita un estudio que reflejaba que, luego de México, el país que más duro ha sido golpeado por la crisis mundial del capitalismo, ha sido el país "emergente" que más empleos ha perdido "con un retroceso de 1,35% desde que el fenómeno recrudeció en septiembre de 2008. Asimismo, se ubica como el séptimo de mayor deterioro de su Producto Interno Bruto (PIB), con una baja de 3,54%." Pero incluso si se agregaran los países desarrollados, sólo EE.UU. lo superaba, con -3,02%.

 

Represión militar en lugar de ayuda humanitaria

 

El terremoto barrió las zonas más pobres del sur chileno y el tsunami, que la Armada, encargada de las alertas de maremotos alertó tardíamente, arrasó pueblos y ciudades costeñas de esa zona. La gente se refugió en los cerros de las ciudades costeras del sur para escapar del maremoto mientras otra tuvo que irse a vivir en las plazas sin abrigo, agua, alimentos ni dinero. Luego del desastre, los comercios se mantuvieron cerrados y no había abastecimiento de alimentos ni agua, mientras las farmacias estaban cerradas o sin medicinas. Incluso actualmente hay zonas en que la situación no ha cambiado mucho. Incluso los pocos comercios que abrieron aprovecharon la situación para vender los productos a precios quintuplicados o, peor aún, los que mantuvieron cerradas sus puertas dejando que se pudrieran los alimentos perecederos.

 

La desesperación ante la necesidad y la falta de asistencia gubernamental llevó a episodios de ingresos a la fuerza en supermercados y abastos. El gobierno de Bachelet, presionado por nuevo presidente, el multimillonario Piñera (quien desde el primer momento pretendió transformar el estado de emergencia en un rígido toque de queda) ha tomado esta situación junto al derrumbe de la cárcel de alta seguridad dejó en libertad a más de mil reclusos peligrosos como pretexto para enviar 14 mil soldados a patrullar las calles y policías que, en vez de distribuir agua, barren con sus mangueras a los que la piden.

 

La organización de las masas y el surgimiento de Comités de Abastecimiento

 

La pequeña ciudad de Curicó, de 130 mil habitantes y donde se derrumbaron nueve de cada diez casas y todos los edificios públicos, ha sido un ejemplo de la capacidad de organización de las masas. Guillermo Almeyra, en un artículo publicado en el diario mexicano La Jornada el pasado 07/03/2010, cuenta cómo los pobladores de Curicó organizaron en la plaza un comité de abastecimiento, elaborando una lista de necesidades y necesitados y maneras de cómo responder a éstos; colocaron un generador para tener energía eléctrica, distribuyeron equitativamente el agua y los alimentos, garantizaron el orden. Esta experiencia, que también se dio en Haití, pero que los medios prefirieron callar para mostrar sólo las imágenes de saqueos a automercados, muestra el verdadero camino a seguir. Es posible planificar los recursos, organizar la distribución de los mismos, mantener el orden, ayudar a los más necesitados con los medios del lugar o exigiéndolos a los gobiernos locales y nacional.

 

El fracaso del Orden Militar y, particularmente, de la Armada

 

La alternativa "orden militar o barbarie" ha quedado demostrada en ser una falacia y es una simple excusa que intenta impulsar la derecha chilena en parte como preparativo a lo que se viene ahora con el gobierno de Piñera. Lo que ha quedado evidente con lo sucedido es la falta absoluta de preparación por parte de la Marina chilena, al fallar escandalosamente con el tsunami, y por parte de las autoridades, al retardar al menos cuatro días los socorros. La Armada dice haber iniciado una investigación interna para encontrar las causas de la falla en la alerta y así mismo lo ha declarado recientemente la Fiscalía chilena, pero ya se han iniciado querellas legales contra el Estado por parte de familiares de los fallecidos por el maremoto.

 

Pero además de la falla en la alerta de tsunami, este 16 de marzo se conocía que Armada chilena decretó hoy una "zona de exclusión marítima" en la bahía de Talcahuano, 500 kilómetros al sur de Santiago, tras confirmar la presencia de "elementos peligrosos", perdidos por la base naval del lugar durante el maremoto del 27 de febrero pasado. El comandante en jefe de la segunda zona naval, almirante Roberto Macchiavello explicó que el incidente se produjo en "un sector que está bastante expuesto en la costa, que recibió directamente la ola (del tsunami) y arrastró un material principalmente que estaba en desuso, en proceso de eliminación, pero que estaba al alcance de la marejada". En su discurso dado a la prensa pidió a la población que se abstenga de manipular los objetos, entre ellos bengalas de hasta 40 centímetros, que se puedan encontrar en el borde costero, al que llegaron arrojados por el mar.

 

La derecha ha regresado al Gobierno luego de 20 años de la llamada Concertación. Su arrogancia ya se manifestó en las celebraciones que adelantaron hordas fascistas frente a locales del Partido Comunista Chileno. Pero la realidad es que Chile se encuentra en una situación muy frágil. Cuando apenas empezaba a salir de la recesión, su economía ha sido golpeada duramente por este desastre natural. Piñera ya ha anunciado un aumento del 4,5% del gasto público para la reconstrucción, pero igualmente ha anunciado una subida de impuestos y está claro que la carga de la reconstrucción la intentará colocar sobre los hombros de los y las trabajadoras chilenas. Puede que la disminución inicial del desempleo por la mano de obra requerida en la reconstrucción le de cierto aire a Piñera, pero lo que está claro es que los pronósticos son de tempestades y no de calma para la reconstrucción nacional.


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