Las contradicciones no han hecho más que empezar

El pasado 20 de enero Gabriel Boric presentaba su Gobierno tras ser elegido presidente de Chile. Luego de la movilización histórica de la clase obrera y la juventud en las elecciones del 19 de diciembre, que dio a Boric el mayor apoyo electoral de la historia chilena, aplastando al candidato de la oligarquía, el ultraderechista José Antonio Kast, el anuncio de quiénes formarán el nuevo Gabinete y cuál será su orientación era muy esperado.

Millones de jóvenes y trabajadores aguardan que la llegada al poder de Apruebo Dignidad, la coalición de izquierdas del Frente Amplio (FA) y el Partido Comunista de Chile (PCCh), suponga un cambio social drástico, acabando con la corrupción, los recortes y las desigualdades. Los capitalistas e imperialistas pretenden todo lo contrario.

Boric recibe el aplauso de los empresarios

La primera incógnita ya está despejada: el Gobierno propuesto quiere agradar a la clase dominante. Aunque tendrá una presencia simbólica del PCCh, con Camila Vallejo actuando como ministra Portavoz, y varios representantes del Frente Amplio, Boric ha nombrado sobre todo a una mayoría ministerial vinculada al Partido Socialista (PS), incluidos cargos de Gobiernos de la vieja Concertación (alianza de la socialdemocracia con distintas fuerzas burguesas que aplicó políticas neoliberales) y, en un gesto que no ofrece dudas de sus intenciones, también ha incluido a representantes de partidos de derechas totalmente identificados con el régimen como el Radical o Liberal, e “independientes” que se han distinguido por su defensa a ultranza del sistema capitalista.

Entre estos últimos destaca Mario Marcel, presidente del Banco Central, que avaló todas las medidas antisociales de Piñera y será ministro de Hacienda. O Antonia Urrejola, quien dirigirá Exteriores tras presidir, con el apoyo de Piñera y la Casa Blanca, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, uno de los tentáculos del imperialismo estadounidense en la región.
Estos nombramientos han provocado euforia en la burguesía chilena.

Un columnista de derechas resumía así la intervención de Boric en el congreso de la patronal, cerrado con una ovación de los empresarios: "Con el mismo tono que lo ha acompañado desde que salió electo (...) desplegó una artillería sorprendente. 'Mis palabras respecto a la gradualidad y a la responsabilidad fiscal no eran un disfraz de campaña'. Habló de 'reglas claras' (...) 'seguridad jurídica' y ensalzó la 'certidumbre'. No se arrugó en señalar que 'la alianza pública privada es fundamental'. Resaltó el dialogo. 'Tenemos que encontrar el equilibrio entre desarrollo y sustentabilidad (...) Seré el presidente de todos los chilenos (…)'. Gabriel Boric hasta ahora se parece mucho más a Ricardo Lagos que a Salvador Allende”.

La comparación con Lagos no es casual: como primer presidente "socialista" tras el final de la dictadura, aplicó todas las políticas exigidas por el imperialismo, terminando su mandato aclamado por la oligarquía y odiado por trabajadores y campesinos.

Los sectores decisivos de la clase dominante, tras ser derrotada su estrategia de apoyarse en Kast para lanzar una ofensiva contrarrevolucionaria, se han visto forzados a adaptarse a las nuevas circunstancias. Su opción, al menos por el momento, es basarse en los dirigentes del PS y sus aliados burgueses para que Boric haga el trabajo necesario. A corto plazo pretenden utilizarlo como muro de contención contra la movilización revolucionaria en Chile y el resto de América Latina. Su objetivo último es que eso desmoralice a las masas, cambie la correlación de fuerzas y les permita derrotar el proceso revolucionario abierto tras el estallido social de 2019.

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Lagos como primer presidente "socialista" tras el final de la dictadura, aplicó todas las políticas exigidas por el imperialismo, terminando su mandato aclamado por la oligarquía y odiado por trabajadores y campesinos.

 
Las primeras medidas anunciadas chocan con las aspiraciones de las masas

Una reivindicación democrática, que los millones que votaron por Boric esperan ver satisfecha en cuanto tome posesión de su cargo en el mes de marzo, es la amnistía para los centenares de presos políticos encarcelados por participar en manifestaciones reprimidas brutalmente por Piñera en 2019. Y junto a ello, el castigo a los responsables de la represión y la disolución del reaccionario y violento cuerpo de carabineros, culpable de asesinar a decenas de manifestantes y que centenares perdieran sus ojos.

Giorgio Jackson, mano derecha de Boric, prometió retirar todas las querellas presentadas por el Gobierno Piñera que sirvieron de excusa para los encarcelamientos. Pero ahora, contradiciéndole, Boric ha planteado “ver caso por caso” y un indulto negociado con “senadores de derecha y centroderecha” para “cerrar heridas”. Es decir, negociar con los responsables de la represión las condiciones del indulto a las víctimas.

Aunque es muy posible que la presión social le obligue a decretar finalmente un indulto con acuerdo de la derecha o no, estas declaraciones significan que el camino para brindar impunidad a un aparato estatal y policial plagado de pinochetistas y fascistas, y que los responsables de la represión no paguen ningún precio, está bastante despejado. Boric no parece decidido a enfrentarse a esta tarea.

Otra concesión a la derecha se ha evidenciado en el debate sobre un nuevo retiro de las pensiones. Tras la insurrección de 2019, el miedo a una nueva explosión social obligó al Parlamento a autorizar a millones de trabajadores tres anticipos sucesivos de hasta el 10% de sus pensiones futuras para tomar aire ante la crisis económica. Las pensiones, privatizadas por la dictadura pinochetista, las controlan fondos y bancos privados: AFP.

La reivindicación histórica de la izquierda es eliminar las AFP y crear un sistema público de pensiones. Boric ha renunciado a ella, planteando un sistema mixto al que se llegaría gradualmente. Una iniciativa parlamentaria de varios diputados del FA y el PCCh planteando autorizar un nuevo retiro de pensiones ha sido contestada con un no tajante por el nuevo ministro de Hacienda, jaleado por los capitalistas. Boric, que apoyó los anteriores retiros, de momento se ha posicionado con él y los empresarios.

Otros terrenos clave donde la clase obrera y la juventud esperan medidas a la izquierda son la defensa de un sistema público de salud y educación dignos, acabando con los recortes y privatizaciones; terminar con las leyes racistas y xenófobas contra los inmigrantes; la defensa de los derechos de las mujeres y comunidad LGTBI y satisfacer las justas reivindicaciones del pueblo mapuche contra el saqueo de sus tierras por terratenientes, multinacionales y empresas forestales. Todos estos problemas solo pueden ser afrontados rompiendo con las políticas capitalistas.

Por un alternativa revolucionaria

Millones de los que han protagonizado el vuelco en las urnas han dado un margen de confianza a Boric mientras esperan resultados. Las últimas encuestas disponibles, del 4 de enero, le daban un apoyo del 63%, un 70% entre jóvenes y personas de bajos ingresos y 92% entre quienes se declaran de izquierda o centro izquierda. Pero la experiencia de todos estos años hace que ese margen tenga serias limitaciones.

Si buscando un consenso imposible con la oligarquía, Boric renuncia a políticas transformadoras -como dan a entender la composición de su Gobierno y sus declaraciones- acabará enfrentado a una respuesta de su propia base social.

Los dirigentes del Frente Amplio y del PCCh, aunque estos no lo digan tan abiertamente, esperan que una recuperación de la economía y las exportaciones a China, especialmente del cobre (que aporta entre un 15 y 30% del PIB y alrededor de la mitad de los ingresos fiscales) permitan cuadrar el círculo: ofrecer algunas mejoras a las masas sin tocar los intereses de la oligarquía. Pero en una economía capitalista mundial en crisis esto es imposible.

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Si Boric renuncia a políticas transformadoras -como dan a entender la composición de su Gobierno y sus declaraciones- acabará enfrentado a una respuesta de su propia base social. 


El presidente de la patronal, Juan Sutil, tras felicitar efusivamente a Boric, dejó muy claro cuáles son sus tareas si quiere que la luna de miel con los empresarios continúe: equilibrio presupuestario y transmitir confianza a los inversores. Es decir, mantener las políticas que han hecho de Chile uno de los países más desiguales del mundo.

El mismo editorialista que comparaba a Boric con Lagos cerraba así su artículo: “¿Se transformará Boric en el próximo presidente “amado” por los empresarios? (…) ello estará dado por dos aspectos. Por mantener los espacios de la iniciativa privada razonablemente resguardados y por darle gobernabilidad a un país que con Piñera se hizo ingobernable. Algo que por cierto está en veremos (...) ¿podrá dejar Gabriel Boric a todos contentos? La respuesta es categóricamente no”.

Con los capitalistas maniobrando a fondo para obligar a Boric a plegarse totalmente a sus intereses, y la clase obrera luchando por sus derechos y reivindicaciones, la tarea de la izquierda revolucionaria es participar en primera línea en la batalla contra la derecha y ultraderecha, que intentará utilizar el desgaste del Gobierno para pasar nuevamente al ataque, y organizar la movilización en la calle contra cualquier medida contraria a las necesidades de los oprimidos, defendiendo el único programa que puede satisfacerlas: nacionalizar la banca, la tierra y las grandes empresas bajo control obrero y popular para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando salarios y condiciones de vida dignas, una reforma agraria que devuelva sus tierras a los mapuche y otros pueblos originarios y reconociendo sus derechos democrático-nacionales.


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