¡Ninguna concesión a la burguesía!

Acabar con el capitalismo y la burocracia para salvar la revolución

El pasado 25 de octubre los partidos de derecha y extrema-derecha agrupados en la MUD, que controlan la Asamblea Nacional desde las legislativas del 6 de diciembre de 2015, aprobaron iniciar un juicio político contra Nicolás Maduro. Esto significaba emprender la misma vía empleada en Brasil para dar el golpe de Estado parlamentario contra el gobierno de Dilma Rousseff y sustituirlo por el derechista y neoliberal Temer. La MUD acompañó la decisión convocando movilizaciones de masas en toda Venezuela el 26 de octubre y un paro nacional de 12 horas el 28, y anunciando una marcha hasta el Palacio de Miraflores el 3 de noviembre cuyo recorrido recordaba a la que precedió al golpe militar contra Chávez del 11 de abril de 2002. El objetivo de todas estas movilizaciones era obligar al gobierno de Nicolás Maduro a ceder en la negociación abierta con la mediación del Papa y Zapatero, entre otros.

El lunes 30 de octubre el gobierno venezolano, representantes de la MUD y los mediadores internacionales se reunían en Margarita y acordaban establecer de manera formal una ronda de negociaciones respecto a varios de los puntos en conflicto: convocatoria del referéndum revocatorio o elecciones anticipadas, posible liberación de golpistas y terroristas contrarrevolucionarios como Leopoldo López, Ledesma etc.; y las políticas para hacer frente a la crisis económica y el desabastecimiento. Aunque ha sido presentado como un triunfo del diálogo y la paz, el resultado final de esta negociación será, inevitablemente, oxígeno para la reacción.

La burguesía venezolana y el imperialismo intentan aplazar la escalada hacia un enfrentamiento frontal y seguir desgastando al gobierno. Buscan legitimarse en estos supuestos diálogos, y aparecer como una alternativa “democrática”, mientras siguen abiertamente con su estrategia de sabotaje económico y ataques a la revolución. A la espera de que la ronda de negociaciones sea aceptada por el conjunto de la MUD, (algunos como el partido de Leopoldo López o incluso Capriles Radonski han planteado su desacuerdo y el imperialismo estadounidense ha enviado a uno de sus representantes, Thomas Shannon, a Caracas para convencerles), los trabajadores y las capas populares debemos entender que no hay ninguna salida por la vía de las concesiones a la contrarrevolución.

¿Cómo derrotar la estrategia contrarrevolucionaria?

La recogida de firmas por parte de la MUD exigiendo un referéndum revocatorio contra Nicolás Maduro, no busca ninguna “salida pacífica a la crisis”, como proclaman sus dirigentes, mucho menos resolver problemas como las colas o las subidas de precios, sino dar un golpe decisivo a la revolución o, en el mejor de los casos, ejercer una fuerte presión sobre el gobierno de Maduro para que ceda a sus exigencias políticas y económicas. Las fuerzas contrarrevolucionarias de derechas mienten descaradamente a las masas: su objetivo es aplicar las mismas políticas de privatización de empresas y servicios públicos, recortes, despidos y ajustes, como las que sufren Argentina o Brasil. Su demagogia, que se beneficia de la situación económica insostenible, es el medio para profundizar la desmoralización y empujar hacia la derecha a sectores de la población que hasta hace poco apoyaban al chavismo. En esta tarea la derecha cuenta con la inestimable colaboración de una quinta columna burocrática, dentro del Estado y del PSUV, que lleva tiempo intentando desviar la revolución del legado socialista de Chávez y saboteando todos los intentos de la clase obrera y el pueblo de ponerse al frente de la revolución, desarrollar el poder obrero y popular y acabar con el capitalismo, el burocratismo y la corrupción.

Derrotar los planes de los enemigos del socialismo sería mucho más fácil si el gobierno diese un giro radical hacia la izquierda, y se pusiera a la tarea de aplicar el legado de Chávez proclamando la nacionalización de los bancos, la tierra y las grandes empresas bajo el control y la gestión directa de los trabajadores. De esta manera se podría romper con la maquinaria del Estado, que sigue siendo burgués, y reemplazarlo por un Estado socialista de transición dirigido por la clase obrera y el pueblo a través de sus propios órganos de poder. Este es el único camino para acabar con las subidas de precios y la falta de productos básicos, erradicar la corrupción y burocratización y combatir las desigualdades y la pobreza (que tras reducirse drásticamente de 1998 a 2013 han vuelto a incrementarse de forma significativa en los dos últimos años).

Aunque tras la derrota en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, las bases revolucionarias esperaban un giro a la izquierda, la política del gobierno bolivariano durante los últimos meses ha sido consensuar constantes subidas de precios con los empresarios (que las subidas salariales decretadas no logran paliar), permitir despidos en empresas privadas e incluso despedir a miles de trabajadores en varias empresas públicas, algo que Chávez siempre rechazó. También se han aprobado medidas como el Arco Minero, que abre el 12% del territorio nacional a la explotación de las grandes empresas y multinacionales mineras, incluidas alguna conocida por sus prácticas extremadamente reaccionarias como Gold Reserve —que le valieron ser expulsada de Venezuela por Chávez—. Esta medida representa una grave amenaza para los derechos de los trabajadores, campesinos y pueblos indígenas y puede tener graves consecuencias para el medioambiente del país.

La aplicación de estas medidas capitalistas por parte del gobierno, junto al colapso económico resultado de la crisis y la negativa a romper con el capitalismo, están minando el apoyo a la revolución. Aunque la ofensiva contrarrevolucionaria lanzada por la MUD con la excusa del referéndum revocatorio es la más grave en estos 18 años, y millones de trabajadores y activistas revolucionarios seguimos dispuestos a defender la revolución, las marchas convocadas por el gobierno el 26-O han vuelto a ser muy inferiores a otros momentos similares del proceso revolucionario.

Las perspectivas para la negociación y las tareas de los revolucionarios

Tras el acuerdo alcanzado en Margarita para establecer formalmente una ronda de negociaciones, se abren diferentes perspectivas posibles. Una posibilidad es que la presión combinada de la MUD en la calle y el imperialismo a través de la OEA, ONU, UNASUR o Mercosur pueda hacer que la negociación en marcha desemboque en un acuerdo. Esta es la posibilidad por la que apuesta hoy un sector mayoritario del imperialismo. De darse, sería presentada como el único camino posible para evitar una confrontación civil. Pero en realidad significaría un nuevo retroceso para la revolución. En este contexto, cualquier acuerdo estable y duradero entre la MUD y la dirección del PSUV sólo es posible sobre la base de la liquidación de las conquistas fundamentales de la revolución, y la profundización de las medidas de ajuste y recortes sociales que exige la derecha contrarrevolucionaria. Independientemente de los plazos y acuerdos concretos respecto al revocatorio, convocatoria de elecciones, liberación o no de golpistas y asesinos del pueblo presos, el pacto significaría seguir en el camino de no escuchar las aspiraciones revolucionarias de las masas, cargando sobre sus hombros el peso de la crisis con mayor dureza. Sólo se conseguiría minar aún más su moral y su apoyo a la revolución.

Si el gobierno se resistiese a aceptar la exigencia de revocatorio este año o elecciones anticipadas a principios del próximo, la MUD (o al menos un sector de ella) podría romper la negociación y relanzar su ofensiva en la calle intentando generar un nivel de desestabilización y violencia que, combinado con la presión internacional y el sabotaje económico de los empresarios, pudiese ser suficiente para quebrar la aparente unidad de la alta oficialidad del ejército en apoyo al gobierno y empujar a un sector de la cúpula militar a intervenir a favor de la oposición.

Las marchas del 26 representaron un paso adelante claro para los contrarrevolucionarios con respecto a la llamada “toma de Caracas” del 1 de septiembre. Consiguieron movilizar más gente y no sólo en Caracas sino en todo el país. Aunque la composición seguía siendo claramente de capas medias, también lograron mayor presencia de sectores humildes de la población. Por otra parte, el paro de 12 horas del 28 de octubre no consiguió ni mucho menos su objetivo de paralizar el país. Debido a sus intereses y objetivos de clase, los dirigentes de la MUD siguen teniendo enormes problemas para sintonizar con el descontento que existe en el seno de la clase obrera y movilizarlo a su favor. Incluso empresarios conocidos por su pasado golpista no se atrevieron a cerrar, como en 2002. Lorenzo Mendoza, propietario del principal grupo alimentario (Polar) y uno de los máximos responsables del desabastecimiento, tras participar en primera línea en la marcha del 26, no cerró el 28, ni siquiera dio el día libre a los trabajadores. Muchos empresarios, al no tener claro el éxito del paro, temerosos de las consecuencias de una tentativa fallida tras las declaraciones de algunos dirigentes bolivariano anunciando que la Guardia Nacional (GN) tomaría las empresas que cerrasen, y sabiendo seguramente también que la vía de la negociación podía ser abierta, prefirieron mantenerse a la expectativa y utilizar a los pequeños comerciantes y transportistas como carne de cañón. El paro se concentró en algunos pequeños negocios.

Sin embargo, sería un error pensar que si mañana el desarrollo de la negociación y la evolución de la situación económica y política los obligara a hacerlo, los capitalistas no tendrían capacidad para recurrir a esta arma otra vez, y con la misma contundencia que en 2002. Pero sobre todo lo que muestra una extraordinaria miopía es pensar, como parece hacer un sector de dirigentes burocráticos y reformistas bolivarianos, que el hecho de que muchos empresarios no cerrasen el 28 de Octubre confirma la corrección de enfrentar la ofensiva contrarrevolucionaria basándose en el aparato del Estado y combinando amenazas —como la de tomar las empresas con la GN— con concesiones, como las realizadas recientemente en el sector de productos de higiene personal, por citar sólo uno de los ejemplos más recientes, donde el gobierno aceptó una nueva y muy significativa subida de precios. No, así no se prepara la derrota de la reacción. Para conseguir frustrar los planes contrarrevolucionarios se necesita la movilización contundente de la clase obrera desde abajo para aplicar medidas socialistas audaces y efectivas, que acaben con el sabotaje empresarial y las graves privaciones que soportan los sectores populares.

Acabar con el capitalismo y la burocracia para salvar la revolución

En contra de lo que afirman los reformistas y la burocracia, la búsqueda de acuerdos con la burguesía no lleva a ganar tiempo y desactivar la estrategia de la contrarrevolución. En caso de que no consiguiesen en la negociación sus objetivos inmediatos y tampoco viesen una perspectiva clara de poder imponerlos mediante la agitación en las calles, sectores de los imperialistas y la burguesía venezolana podrían aceptar la continuidad del gobierno bolivariano un tiempo más, pero eso no significaría que renunciaran a mostrar su hostilidad manifiesta en todos los terrenos.

La burocracia reformista apuesta a esta opción esperando que en unos meses la situación económica mejore, suban los precios del petróleo y crezca la economía mundial. Pero las perspectivas para la economía mundial no son de recuperación, sino incluso agravamiento de la crisis. Un escenario semejante sería la antesala de nuevas batallas y representaría otra amenaza para la revolución. La burguesía juega siempre con varias barajas. Mientras no estén completamente seguros de poder reemplazar con éxito al gobierno actual por sus representantes directos no perderán ninguna oportunidad de hacer negocios y minar la revolución. Sin ir más lejos, la llamada “alianza productiva” con los empresarios que plantean los reformistas, les sirve de caballo de Troya para continuar atacando las conquistas revolucionarias, seguir saboteando y especulando y, lejos de mejorar las condiciones de vida de las masas (como afirman los reformistas), dividirlas, desmoralizarlas y preparar mejor un nuevo asalto contrarrevolucionario al poder.

La revolución está bajo una amenaza mortal. Y sólo hay una salida para defenderla y completarla: que la clase obrera y el conjunto de los oprimidos que formamos la base social del chavismo, llevemos a cabo “la revolución dentro de la revolución” poniendo todo el poder político y económico en manos de los trabajadores y el pueblo. Acabando con el capitalismo y la burocracia y resolviendo los graves problemas que sufre la población, abriremos la senda para el triunfo del socialismo.

Desde Izquierda Revolucionaria llamamos a la vanguardia obrera, a los trabajadores y jóvenes que están con la revolución socialista y han permanecido leales al legado de Chávez, a luchar por este programa y esta política, y a unirse a nosotros en la construcción de una fuerte organización marxista revolucionaria. Sólo el pueblo salva al pueblo.

· Ninguna concesión ni pacto con la burguesía. Nacionalización de la banca, la tierra y las grandes empresas bajo el control y la gestión directa, y democrática, de los trabajadores y el pueblo.

· Frente a la especulación y la inflación: formación de comités populares de acción directa, democráticamente controlados, para garantizar el abastecimiento e imponer precios accesibles para el pueblo.

· Ningún retroceso en las condiciones de vida, salarios y derechos de los trabajadores. Subidas salariales por encima de la inflación manteniendo el poder adquisitivo de los trabajadores.

· Ninguna destrucción de empleo en empresas publicas ni privadas. Reenganche inmediato de todos los trabajadores que de manera arbitraria e injustificada han sido despedidos.

· Apertura de los libros de cuentas e inventarios de todas las empresas públicas y privadas a la inspección de los trabajadores y de comités de vecinos. Cese inmediato de todos los burócratas corruptos que ha robado al pueblo.

· Que todos los cargos y representantes públicos cobren el salario de un trabajador calificado.

· Elegibilidad y revocabilidad de todos los cargos y que rindan cuentas periódicamente ante las asambleas de trabajadores y vecinos de su gestión.

· No a la impunidad para los golpistas y asesinos del pueblo. Juicio, investigación y castigo de todos los implicados en acciones violentas contra los trabajadores.

· Monopolio estatal del comercio exterior bajo gestión directa de los trabajadores y el pueblo para garantizar que hay alimentos suficientes y a precios accesibles para el conjunto de la población

· Asambleas en cada centro de trabajo y cada barrio para discutir los peligros que enfrenta la contrarrevolución y formar comités de acción para impulsar la defensa del legado socialista de Chávez. Lucha por el control obrero y la gestión directa de las empresas mediante consejos de trabajadores para acabar con la corrupción y agresión contra los trabajadores y el pueblo. Llevar a cabo una revolución dentro de la revolución que permita derrotar tanto la contrarrevolución burguesa como a la quinta columna burocrática.

· Unidad en la lucha con nuestros hermanos de clase en Bolivia, Ecuador, Cuba, Brasil, Argentina.... El socialismo solo puede ser internacional: Por la Federación Socialista de América Latina.