Una de las administraciones norteamericanas más reaccionaria, intolerante y depredadora de la historia moderna ha tomado oficialmente el poder. Pero la resistencia ha comenzado. Una oleada de movilizaciones masivas ha dado la bienvenida a Donald Trump. El 21 de enero cuatro millones de personas llenaron las calles de las principales ciudades norteamericanas contra un presidente misógino y una administración que pretende acabar con derechos como el aborto. La Marcha de las Mujeres ha sido una de las protestas más grandes de la historia de EEUU, y se extendió a 600 ciudades de los cinco continentes convirtiéndose en la protesta mundial más importante desde la guerra de Iraq en 2003.

Inmediatamente después, la aprobación de un decreto presidencial para impedir la entrada de inmigrantes en EEUU desató nuevas protestas masivas por todo el país. Los compañeros de Socialist Alternative (CIT en EEUU) están en primera línea impulsando la lucha y defendiendo una política de clase, socialista, antirracista e internacionalista.

Izquierda Revolucionaria ha tenido la oportunidad de entrevistar a Kshama Sawant. En 2013 fue elegida concejala en el ayuntamiento de Seattle por Socialist Alternative, tras una campaña en la que se movilizó a cientos de voluntarios con un programa de defensa del salario mínimo de 15 dólares la hora. Sólo seis meses después se consiguió esta reivindicación en la ciudad. Kshama participa activamente en el movimiento Blacks Lives Matter (Las vidas negras importan), en el movimiento medioambiental y, entre otras, ha dirigido luchas por una vivienda digna y conseguido millones de financiación adicional destinados a las personas sin techo y otros servicios sociales.

El Militante.- La llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto un tremendo impacto para la juventud y los trabajadores en todo el mundo. ¿Cuáles son las causas que explican su elección?

Kshama Sawant.- La elección de Trump es un punto de inflexión importante tanto en la política norteamericana como global. Desde que llegó al cargo ha atacado a los trabajadores del sector público, a los inmigrantes y al medio ambiente. Ha ordenado revocar la ley sanitaria de Obama, aprobado la construcción de los oleoductos Keystone XL y Dakota del Norte, atacado a los trabajadores sin papeles y ordenado la construcción de un muro en la frontera sur.

La agenda derechista, racista, antiinmigrante, misógina y fanática de Trump no cuenta con el mandato de la mayoría de los trabajadores de EEUU. Trump ha sido el candidato presidencial más odiado de la historia del país.

Ganó con tres millones de votos menos que su oponente del Partido Demócrata (PD), Hillary Clinton. Consiguió menos votos que los logrados por Romney y McCain, los anteriores candidatos republicanos, y también menos que los obtenidos por George W. Bush. Decenas de millones de los norteamericanos más pobres y oprimidos no votaron en estas elecciones.

Su elección representa, sobre todo, un rechazo a Clinton, a quien los votantes identificaron correctamente con el establishment político. Trump es un demagogo de derechas, un mentiroso y un estafador. Aunque la furia de los trabajadores con el status quo es absolutamente correcta, Trump se ha aprovechado de ello para que creyeran que él era ajeno al “sistema”. Se presentó como el defensor de los “hombres y mujeres olvidados” de la clase trabajadora estadounidense, aunque su gabinete está lleno de millonarios como él. Prometió recuperar empleos y habló contra el Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (NAFTA) aprobado con Clinton, que diezmó el empleo en múltiples estados. Prometió liberar la política del dominio de los lobbies empresariales y los multimillonarios.

La ausencia de un candidato de izquierdas opuesto a los grandes poderes económicos, que defendiera los intereses de la clase trabajadora, los pobres y los oprimidos, ofreciendo una alternativa clara al populismo de derechas de Trump ha sido la gran ventaja con la que éste ha contado.

La enorme popularidad de Bernie Sanders durante las primarias demócratas demuestra la situación favorable que existía para un candidato de izquierdas. Su llamamiento a una revolución política contra la clase millonaria tuvo mucho eco entre los trabajadores, especialmente entre los jóvenes. Las encuestas mostraban que si Sanders se hubiera presentado a las elecciones habría derrotado a Trump. Sin embargo, la élite demócrata prefirió correr el riesgo de perder antes que estar atada a un programa en defensa de la clase obrera.

EM.- EEUU vive un periodo de enorme polarización social y política. ¿Nos puedes hablar de las principales luchas en estos años, y su influencia en los acontecimientos que estamos viviendo?

KS.- Ha habido un cambio histórico en las condiciones de vida en las últimas cuatro décadas, y eso ha marcado las importantes luchas que se han dado. Los estudiantes norteamericanos están atados a deudas masivas debido a los préstamos estudiantiles. El crecimiento del empleo ha sido mayoritariamente en el sector servicios, con bajos salarios y apenas sindicatos. En otros sectores la afiliación sindical es muy baja y los salarios llevan décadas estancados. Debido a esto, tanto los jóvenes como los trabajadores han apoyado la lucha por el salario mínimo de 15 dólares la hora. En Seattle, desde nuestra posición en el ayuntamiento y construyendo desde abajo la campaña “15 Now”, Socialist Alternative ayudó a conseguir la primera victoria en una ciudad importante. Desde entonces, los trabajadores en otras ciudades han conseguido los 15 dólares y otros incrementos importantes del salario mínimo. Actualmente en Minnea­polis están luchando también por ello.

La juventud ha estado en primera línea de la nueva lucha por los derechos civiles, incluido Black Lives Matter, y protegiendo los derechos de los trabajadores indocumentados. Muchos campus universitarios han visto el nacimiento de nuevos movimientos por los derechos de las mujeres y la lucha contra la violencia sexual. El movimiento Carry that Weight (Llevar ese peso) es un buen ejemplo. El día de la investidura miles de estudiantes de los 16 campus de educación media, secundaria y universitaria pararon y celebraron actos de protesta. Estas acciones estuvieron organizadas por Socialist Students, un movimiento en los campus iniciado por Socialist Alternative. Los millennials [jóvenes nacidos a finales del siglo XX] también han ayudado a ganar luchas medioambientales contra los nuevos oleoductos, la perforación en aguas marinas profundas, la producción de carbón y el fracking por toda la nación. En resumen, el socialismo es ahora más popular entre los jóvenes que el capitalismo.

Hay una fuerte voluntad de lucha entre amplias capas, tanto de trabajadores organizados como de los no afiliados a los sindicatos. Necesitamos activistas audaces y dirigentes combativos que desafíen a los burócratas amigos de las empresas. Confío en que millones de trabajadores jóvenes y millennials aprovecharán esta oportunidad histórica para luchar contra Trump y los millonarios.

EM.- Socialist Alternative, y tú misma, participasteis en la campaña de Bernie Sanders durante las primarias defendiendo un programa socialista y la ruptura con el Partido Demócrata. ¿Cuál es vuestra opinión sobre su apoyo a Clinton, y del futuro de su movimiento?

KS.- La campaña de Bernie electrizó a millones de personas, abriendo la puerta a más discusiones sobre el socialismo que nunca. No estuvimos de acuerdo en su decisión de presentarse como demócrata, ni en que apoyara a la candidata demócrata en lugar de presentarse él como independiente en las elecciones generales, o presentarse en la campaña independiente con Jill Stein del Partido Verde.

Al poner el movimiento detrás de una demócrata neoliberal como Clinton saboteó el potencial para una revolución política. Al final, la capitulación de Sanders lanzó a algunos seguidores hacia Trump. Millones más no votaron. Esta decisión arrojó más combustible al fuego. Es la rabia de la clase media y los trabajadores con el bipartidismo y la política descaradamente favorable a las grandes empresas lo que ha ayudado a crear la base, de una manera distorsionada, para la llegada de Trump.

Bernie Sanders es respetado y continúa atrayendo a la gente hacia el Partido Demócrata. Ha dicho que cree en la idea de empujar al PD a la izquierda desde dentro. Ha creado su propio grupo, Our Revolution (Nuestra Revolución), que está trabajando en el PD, y ha dado algunos pasos para ganar posiciones importantes dentro de la dirección demócrata en California.

EM.- ¿Cuáles son las perspectivas para la lucha de clases?

KS.- Las protestas del fin de semana de la investidura fueron un golpe decisivo a la credibilidad de la administración Trump. No pudo llenar los asientos en Washington DC, y la Marcha de las Mujeres fue la mayor movilización de la historia de EEUU.

Socialist Alternative cree que para derrotar a Trump y la clase millonaria necesitamos un movimiento combativo, dispuesto a utilizar la desobediencia civil no violenta y tácticas disruptivas para defender nuestros derechos, para impulsar demandas políticas para mejorar la vida de los trabajadores. Estos movimientos necesitarán de la máxima unidad del 99%, reuniendo a sindicatos, trabajadores, activistas por los derechos civiles, movimientos por los derechos de las mujeres y a favor del medioambiente, seguidores de Sanders, demócratas progresistas, socialistas y verdes. Hay que basarse en la necesidad de luchar contra Trump, no en lo que es aceptable para los demócratas. No creemos que el Partido Demócrata, controlado por los intereses de Wall Street, pueda proporcionar el esqueleto político combativo que necesitamos. No podemos luchar por una revolución política contra la clase millonaria si estamos atados a un partido que sirve a esa misma clase millonaria.

Las marchas de decenas de miles de personas pueden cerrar autopistas y encontrar maneras de paralizar la normalidad. Necesitamos acciones de masas, pacíficas y directas para bloquear los esfuerzos de deportar a nuestros hermanas y hermanos inmigrantes. Nuestro movimiento también necesita defender reivindicaciones como las que popularizó Sanders: Medicare para todos; salario mínimo de 15 dólares la hora; educación superior gratuita; impuestos a los ricos para financiar un programa de obras públicas masivas que permita crear empleos y reconstruir nuestras infraestructuras, desarrollar la energía verde y el transporte público; acabar con la brutalidad policial y la represión racista por parte del Estado.

Son tiempo difíciles. Sufriremos retrocesos y derrotas. Pero existe un potencial enorme, no sólo para construir la lucha, sino para que los trabajadores logren triunfos importantes.