La polarización política se acentúa

El pasado 7 de mayo se celebraron elecciones generales en Gran Bretaña. Todo apuntaba, según los sondeos, a que las principales fuerzas políticas del país, Partido Conservador y Partido Laborista, estarían muy igualados. Sin embargo, y en contra de lo que preveían las encuestas, los conservadores revalidarán su mandato y esta vez obteniendo mayoría absoluta de escaños en la Cámara de los Comunes.

Conservadores y Laboristas incrementan sus votos a costa del Partido Liberal

Sin embargo, frente a los titulares de la prensa planteando una victoria histórica y sin paliativos del Partido Conservador, la realidad, analizando los votos obtenidos por cada partido, es un tanto distinta. Un aspecto central que arrojan estos resultados es que el proceso de polarización política en la sociedad británica también se agudiza, con expresiones tanto a la derecha como a la izquierda. El mejor ejemplo de este fenómeno es el hundimiento del partido que mejor representaba el llamado “centro político”, el Partido Liberal, que perdería 4.420.936 votos, dos tercios de su electorado.

En primer lugar hay que destacar que el Partido Conservador no obtiene un incremento apabullante de votos, de hecho consigue algo más de 500.000 votos respecto a las anteriores elecciones. Existe un claro castigo al Gobierno, en el que participan liberales y conservadores, aunque dicho castigo lo sufra el Partido Liberal. De hecho ambos partidos conjuntamente pasan 17.642.839 votos en 2010 a 13.750.808 votos en 2015. Los laboristas, a pesar del batacazo en escaños, aumentan sus votos, obteniendo 737.799 votos más en estas elecciones. En ambos casos parece que dicha subida se alimenta principalmente de la descomposición del Partido Liberal, ya que a su vez ambos partidos pierden votantes a izquierda y derecha respectivamente.

El UKIP crece a costa de los tories

En el caso del Partido Conservador dicha fuga de votos resulta evidente y se expresa a través del partido eurofobo y antiinmigración de Nigel Farage, el UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido). Este individuo con la demagogia típica de la extrema derecha ha llevado adelante un discurso populista centrado en denunciar la inutilidad e incapacidad de las instituciones europeas, promoviendo la necesidad de impulsar un referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en la UE, algo que ha supuesto una presión para el Gobierno de Cameron, que de hecho se ha comprometido en realizar dicha consulta en 2017. A pesar de este guiño, el UKIP ha arrancado una importante cantidad de votos al partido Conservador, obteniendo 2.961658 votos más[1]. Una clara expresión del malestar político y la agudización del proceso de polarización. El compromiso de los conservadores de convocar dicho referéndum supone además un nuevo elemento de inestabilidad por sí mismo para Gran Bretaña y el conjunto de la UE.

Por otro lado el UKIP también ha promovido un discurso xenófobo antiinmigración, incluso frente inmigrantes de países de la UE, especialmente del sur de Europa, planteando la necesidad de eliminar las ayudas sociales para dicho inmigrantes, algo ilegal en el actual marco jurídico de la UE, y que es utilizado para promover el discurso anti-UE.

Escocia hunde al laborismo desde la izquierda.
Crisis social y cuestión nacional

Por otro lado también a la izquierda se da una clara expresión del proceso de polarización. El caso más claro es el de Escocia, feudo tradicional de los laboristas, y que en estas elecciones ha pasado al completo a manos del Partido Nacional Escocés. El SNP consigue 56 de 59 escaños posibles en la cámara de los Comunes, aumentando en 50 escaños su representación. Los laboristas pasan de 41 escaños a uno solo, una auténtica debacle.

Sin duda, la postura unionista del Partido Laborista, de seguidismo completo respecto al partido Conservador, acudiendo durante el referéndum por la independencia a Escocia de la mano de Cameron para pedir desesperadamente el “No”, le ha pasado una dura factura. Pero lo más importante es que este giro que se expresa en la cuestión nacional está completamente ligado a la cuestión social, al ataque a los servicios públicos, al desempleo y a los constantes recortes impulsados por Gobiernos tanto conservadores como laboristas. Así lo reflejaba un ciudadano escocés: “Estoy triste porque no hemos echado a los tories. Yo voté a los nacionalistas porque estoy harto de los conservadores y también porque los laboristas me han decepcionado. Cogen nuestros votos y después no trabajan por nosotros en Londres... El SNP al menos es la voz de la gente normal, y se ha comprometido a trabajar por Escocia y no por los bancos o por las empresas. Eso es lo que verdaderamente importa"[2].

El SNP no ha hablado abiertamente sobre la posibilidad de promover otro referéndum en Escocia, declarando que ahora la tarea es la de hacer oír la voz de los escoceses en Westminster. La crisis social, a través de la cuestión nacional, se ha expresado con contundencia en los resultados electorales, que evidencian un enorme voto de castigo a las políticas precapitalistas del Partido Laborista. Evidentemente esto supone una gran preocupación para la burguesía británica y el Gobierno de Londres por la inestabilidad que conlleva.

Austeridad, recortes y desigualdad.
La polarización se agudiza

Por otro lado, también son destacables los resultados obtenidos por el Partido Verde, una expresión a la izquierda del Partido Laborista, y que, aunque solo ha obtenido 1 escaño como en 2010, ha cuadruplicado sus votos, pasando de 285.612 votos a 1.157.613 votos. Es evidente que el descontento a la izquierda del Partido Laborista sigue aumentando, y que también se está operando un cambio en Gran Bretaña desde el estallido de la crisis, aumentando la crítica al sistema capitalista y las crecientes desigualdades.

Las políticas de recuperación económica de las que hace gala el Gobierno de David Cameron, como aquí el PP, y que se han centrado en la reducción del déficit (en 2010 era de 9% del PIB y ahora es de 5,4% del PIB) y en la reducción del desempleo, ahora por debajo del 6%, han tenido otra cara mucho más amarga. Los recortes en los servicios sociales, en las políticas públicas de vivienda, estableciendo una tasa sobre habitaciones vacías en las viviendas de alquiler municipales, o la salvaje subida de las tasas universitarias, algo contra lo que el Partido Liberal se comprometió por escrito, y que supuso triplicar las tasas pasando de 3.800 euros a más de 10.000. La extensión de una precariedad laboral sin precedentes y el crecimiento de las desigualdades están detrás de estas cifras macroeconómicas que presenta el Gobierno conservador.

Los datos hablan por sí mismos. Más de un millón personas, en la sexta economía del mundo, frente a apenas 20.000 hace solo siete años, tienen que recurrir a los bancos de alimentos para llevar comida a sus mesas En Londres, por ejemplo, entre el 80% y el 90% del trabajo que se crea es en sectores mal pagados e inseguros. El empleo en el sector público, por el contrario, está en su nivel más bajo desde 1999. El Gobierno, en la más pura línea liberal, ha convertido en su prioridad reducir el déficit a base de recortar drásticamente el gasto público.

Un buen ejemplo de esta situación son los contratos de “cero horas”, una infame modalidad por la cual un trabajador que es contratado por una empresa tiene que estar 24 horas al día disponible para incorporarse al puesto de trabajo en cualquier momento y por un tiempo indeterminado, generalmente unas pocas horas, cobrando en función de las horas trabajadas. Mientras el trabajador está contratado por esta empresa no puede buscar trabajo en ningún otro sitio. Según datos oficiales, se calcula que aproximadamente 700.000 personas sobreviven con este tipo de contrato.

Estos son algunos de los datos que están detrás de la reducción de desempleo y del recorte del déficit, que en todo caso no han cumplido las expectativas del Gobierno, llegar a las elecciones de 2015 con déficit cero. Esto supone que la perspectiva sea por tanto seguir llevando adelante políticas de máxima austeridad, si bien Cameron ha tenido que insistir reiteradamente en campaña que mantendrá intacto el sistema público sanitario, una de las señas de identidad del estado de bienestar británico, ante la sospecha de que se extiendan los recortes. El objetivo de reducción del déficit que tiene el Gobierno ya apunta a que continuarán y se intensificarán los recortes en todos los sectores. Una muestra clara de estas intenciones ha sido mantener como ministro de economía a George Osborne, el hombre que ha llevado adelante esta política de austeridad.

Crisis del laborismo, crisis del reformismo

Por otro lado el Partido Laborista ha tenido una gran oportunidad para volver al Gobierno, algo que ha desaprovechado yendo de la mano de los conservadores en todas las cuestiones centrales, limitando su oposición a los recortes a meras declaraciones verbales. A pesar de ciertas medidas de izquierdas en su programa electoral, principalmente la eliminación de los contratos de “cero horas”, la subida del salario mínimo a 9.5 € la hora, o establecer un tipo impositivo del 50% para las rentas superiores a 200.000 €, la credibilidad de la socialdemocracia continúa muy tocada.

Los nefastos gobiernos laboristas de Tony Blair, que llevaron adelante una política neoliberal o apoyaron con entusiasmo guerras como las de Iraq y Afganistán, siguen en el recuerdo de muchos trabajadores británicos, y los nuevos líderes del laborismo no han roto con ese pasado. La propuesta de reducir las tasas universitarias de 12.000 a 9.000 € queda lejos de los 4.000 euros que se pagaban antes de la subida de tasas acordada por el conservadores y liberales al llegar al Gobierno. No mantener una postura clara ante la reducción del déficit, que se traduce en recortes sociales, afirmando que de alguna manera se tendrá que afrontar esta reducción, o el apoyo incondicional al mantenimiento de las tropas en Afganistán, impiden que el Partido Laborista pueda recuperar su credibilidad.

Un futuro incierto

La fuerte tendencia abstencionista entre la juventud británica, una de las más altas de Europa (en 2010 solo votaron un 44% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, frente al 71% de Italia o el 61% de España), así como de sectores de la clase trabajadora, es también un factor ya desde hace tiempo. Amplios sectores de la juventud obrera, ante un futuro incierto, no ven ninguna utilidad en los procesos electorales. Todo este descontento podía haber sido recogido por el Partido Laborista, pero la ausencia de un programa claro y contundente en contra de los recortes y las políticas de austeridad ha contribuido a mantener desmovilizados a amplios sectores de la juventud, principalmente en zonas obreras.

La situación en todo caso, a pesar de la mayoría absoluta conservadora, no parece tan halagüeña. Las desigualdades sociales y el descontento social siguen aumentando, y algunos analistas plantean que los tories no deben ver esta victoria como un cheque en blanco, comparándola con la victoria de 1992, preludio de su posterior debacle. El propio hecho de que se hayan comprometido a convocar un referéndum sobre la posible salida de la UE es un claro reflejo del desasosiego e inestabilidad que existe, especialmente después del referéndum escocés, donde creían que tenían todas consigo y al final el “Si” sufrió una subida espectacular que nadie preveía. La lucha de clases se abre camino, y Gran Bretaña no escapa al proceso general de polarización e inestabilidad que se vive en todo el planeta.


[1] Hay que tener en cuenta que en las elecciones de 2010 un partido de extrema derecha, el Partido Nacional Británico obtuvo 564.321 votos, que en estas elecciones han ido en su totalidad al UKIP. Aún así el UKIP obtendría 2.400.00 votos más, arrancados principalmente al Partido Conservador.

[2] El País, 8 de mayo de 2015.


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