RCTV debe ser solo el comienzo del derrumbe del dominio privado de la expresión

La televisión es una de las más poderosas armas comunicacionales, dado el efecto que tienen los audiovisuales al informar, enseñar y entretener a las masas. Este inmenso poder puesto al servicio de las mafias capitalistas y las oligarquías nacionales y extranjeras han creado una gran fuente de infiltración cultural e intelectual cuyo único fin es la dominación de los pueblos.

La televisión venezolana no es la excepción. Nuestro país ha sufrido una sistemática invasión imperialista, no con misiles, aviones y tanques, sino con la TV. Por este medio nos han dominado más que por la fuerza. Una lluvia constante de enlatados gringos que nos muestran un sistema de vida consumista, violento y enfermo. Telenovelas cargadas de antivalores, rasismo y superficialidad, además de las malas copias de programas extranjeros. Todo bajo el abrigo hipócrita de la libre elección, tras la creación de ídolos, modelos vestuamentarios y patrones de consumo, con una desbordante y obsesiva publicidad.

La TV privada se dirige al pueblo como a una masa de consumidores potenciales. La manipulación mediática esta destinada a tener una sociedad idiotizada, que no sepa distinguir entre sus necesidades reales y sus necesidades ficticias, en un submundo en el que quien paga la publicidad decide que es bueno para ti, como debes comportarte, como debes vestirte, que productos debes consumir, que modelo político defender y hasta que presidente debes elegir.

El caso de la no renovación de la concesión a RCTV es emblemático. No solo hay razones políticas sino que también de índole moral, ético, educativo, cultural y hasta lógico. Durante más de 50 años este canal se dedico al juego político y sus desencuentros con los distintos gobiernos cuartorepublicanos no fueron pocos, pero el desate de los medios se dio, cuando el pueblo voto por un proyecto distinto a el que ellos nos vendieron.

RCTV somete a un ataque constante a los venezolanos, la utilización de propaganda terrorista, de guerra y de incitación al odio son el plato fuerte del día. Existe una constante manipulación de la información dirigida a defender los intereses capitalistas criollos y foráneos. Son gendarmes de la libertad de expresión de la oligarquía, de la libertad de expresión de ellos, que han mostrado todo el poder que representa el medio y con esto han puesto el tema en la mesa ¿Cuál es la TV que queremos? Sin duda, no es la que tenemos.

Si el pueblo venezolano voto por un proyecto socialista y el socialismo implica la formación de un hombre nuevo, pues véase la necesidad de tener medios de comunicación de servicio publico que responda y defienda los principios éticos y morales que requiere la nueva sociedad, cargada de una ideología liberadora que contrarreste el “entretenimiento” que no es otra cosa que la sumisión mental que hace que el explotado no se sienta explotado y llegue a dar gracias al explotador por darle de comer.

No es solo RCTV. Toda la TV privada tiene el mismo patrón de comportamiento. La grosería, la bachacaneria, los lugares comunes, espacios vacíos, estereotipos absurdos y un solo mensaje compra, compra, consume, has esto, has aquello, esto es bueno, esto es malo, quien tiene la razón y quien no. Acompañado de una ruidosa campaña publicitaria cuyo derroche de colores, plástico, tintes, siliconas y vacuidad, están bautizados por la madre Iglesia y en el que la única voz omnipresente es la del Dios Mercado.

RCTV debe ser solo el comienzo del derrumbe del dominio privado de la expresión sobre el espectro radioeléctrico público. Debe desaparecer del y dar paso al cambio. Corresponde a las masas ser garantes de que la nueva TV refleje a una sociedad que clama por un modelo humano y socialista, refleje que las comunidades, los trabajadores, campesinos, estudiantes y cultores tienen voz, tiene imagen, existen y son capases de administrar un nuevo modelo social, económico y político.

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